Internacional

Masacre en Bagdad

Cinco atentados suicidas simultáneos reciben el Ramadán con 43 muertos y más de 200 heridos. El primero, contra la sede de la Cruz Roja; los otros cuatro, contra sendas comisarías de la Policía iraquí.
COLPISA, Bagdad
28/oct/03 21:39 PM
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El Ramadán, el mes de ayuno musulmán, comenzó ayer con una de las jornadas más sangrientas que se han vivido en Irak desde el final de la guerra. Al menos 43 personas murieron, entre ellas dos niños y 19 mujeres, y más de 200 resultaron heridas en cinco atentados suicidas perpetrados de forma casi simultánea en Bagdad. El más grave de ellos se produjo en la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), el primer ataque cometido contra esta organización desde los años ochenta, cuando comenzó sus actividades en Irak. Los otros cuatro fueron perpetrados contra sendas comisarías de policía de Bagdad.

Los cinco atentados suicidas se produjeron en apenas tres cuartos de hora, entre las 08:30 y las 09:15 (tres horas menos en Canarias). El atentado con coche bomba contra la sede de Cruz Roja fue perpetrado con una ambulancia. Media hora después se escuchó otra explosión, y a partir de ahí comenzó la racha, que habría sido más grave si la Policía iraquí no hubiera detectado un coche cargado con una tonelada de explosivos y que, según Interior, estaba conducido por un sirio.

El atentado perpetrado contra la sede del CICR se saldó con la muerte de doce personas: dos empleados de la organización, ambos iraquíes, y diez civiles. Asimismo, en el atentado contra una de las comisarías, la de Al Bayaa, murieron al menos 13 personas, entre ellas tres policías iraquíes y un soldado de EEUU, según una nota del Ejército estadounidense.

Autoría confusa

Respecto a los autores de los atentados, las versiones no están claras ni siquiera para los militares estadounidenses. Por una parte, el general Mark Hertling dijo que "hay indicios de que algunos de estos ataques han sido obra de combatientes extranjeros. Estos ataques no son similares a los que hemos visto por parte de los leales al antiguo régimen".

Ésa no es la opinión del comandante de la Cuarta División de Infantería del Ejército estadounidense, el general Raymond Obierno, quien afirmó que los extranjeros representan solamente un "débil, un muy débil porcentaje" de resistencia en Irak.

"Mi intuición es que estos atentados fueron perpetrados por antiguos leales a Sadam Husein, quizás con una pequeña colaboración de personas no originarias de Irak", explicó el general Obierno.

Lo cierto es que la simultaneidad de los atentados revela que existe una verdadera organización y un vivero de kamikazes dispuestos a sacrificar sus vidas para complicar la vida a las tropas de la coalición. El general Hertling niega esta posibilidad, e incluso afirmó ayer que "decir que hay sincronización sólo porque los ataques tuvieran lugar a la misma hora no me parece concluyente".

Estas discrepancias y este aparente intento de minimizar la gravedad de los atentados posiblemente revelen el nerviosismo que se vive tanto entre las tropas de la coalición como entre los iraquíes que colaboran con ellas. Desde el pasado 1 de mayo, cuando Bush decretó el final de las operaciones militares de envergadura en Irak, 113 soldados han perdido la vida en combate en el país.

Otro síntoma de este nerviosismo lo refleja la reacción en ocasiones precipitada de los soldados cuando se sienten amenazados. Cuatro civiles iraquíes murieron y otros cuatro resultaron heridos ayer a manos de los soldados de EEUU, que comenzaron a disparar a los automóviles que transitaban por los alrededores después de que una mina estallara al paso del convoy del Ejército norteamericano en que viajaban en la región de Faluya.