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Rebelión ciudadana

En la víspera de que concluyan las primeras reuniones semestrales de los 5 consejos de zona, muchos de los 35 delegados vecinales consideran que este órgano está acotado por un reglamento "impuesto". Ellos deben defender y dar prioridad a las demandas de los barrios, pero no intervienen en los presupuestos.
GONAR/MÉNDEZ, Tenerife
30/oct/03 21:46 PM
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Los consejos territoriales de las 5 zonas en las que se dividió la capital antes de las elecciones del 25-M celebran desde hace 10 días sus primeras reuniones de trabajo.

Los representantes de barrios, ya curtidos en el movimiento vecinal, rechazan que el gran monstruo administrativo los absorba y que sus peticiones se diluyan en el tiempo, máxime porque ellos, a diferencia de los políticos, tienen dos años de "mandato".

Algunos de los 35 delegados de barrios no ocultan su desencanto por cómo se desarrolla la participación ciudadana, uno de los proyectos electorales estrella de Miguel Zerolo.

En el último año, todos los representantes fueron invitados a cursos promovidos por el ayuntamiento, que concluyeron con la elección de los delegados vecinales: 6 de Anaga, 5 del Centro, 7 de La Salud, 10 de Ofra y 7 del Suroeste. Después de la solemne toma de posesión, donde los vecinos probaron las butacas de sus señorías, los electos ?fueran titulares o suplentes? acudieron a los tres talleres impartidos en julio, septiembre y octubre por el equipo que encabeza Pepe Lobillo.

Los problemas surgen cuando los delegados vecinales pasan de la teoría a la práctica. Las fuentes consultadas aseguran que trabajan con un "Reglamento Orgánico Municipal de las Relaciones del Ayuntamiento con la Ciudadanía" que les ha sido impuesto, aunque los más veteranos recuerdan que este documento tiene reminiscencias de hace 16 años, cuando los "icánicos" Víctor Díaz y Carmelo Vega eran concejales del Ayuntamiento de Santa Cruz. No faltó quien, al ser consultado, no tenía en su poder un ejemplar del estatuto de participación ciudadana.

Una de las dudas se refiere a quién tiene que estar en este órgano, máxime cuando los funcionarios que han moderado las primeras reuniones han limitado la asistencia a los "delegados titulares" y no a "los suplentes". "¿Cómo van a defender los proyectos cuando me tengan que sustituir a mí si falto un día?", analiza uno de los "titulares".

Un representante de Ofra muestra su indignación porque "hemos celebrado la primera reunión y nos han explicado lo mismo que en los talleres. Luego se levantó la mesa y nos despedimos hasta dentro de seis meses". "Nosotros hacemos un censo de las carencias en los barrios, pero no influimos ni en el presupuesto ni contamos con el asesoramiento técnico. Esta fórmula consigue que a los vecinos, cuando reclamen al político, los responsabilicen de sus problemas".

Los más calculadores ya sacan cuentas de cuándo se verán los primeros resultados. "Desde octubre a abril, cuando celebremos la segunda reunión, las asociaciones de vecinos deben solicitar a todos los residentes sus demandas. Este trabajo se ha de llevar hasta la base de la pirámide social: comunidades de vecinos, asociaciones de padres de alumnos, amas de casas, colectivos no asociados, grupos culturales o folclóricos y empresarios del lugar". Entonces se establecen tres cribas: La primera, en las asociaciones de vecinos, que elevan sus demandas ya filtradas por la directiva a los consejos de zona. Aquí se fijan las necesidades y las trasladan al máximo órgano plenario. Aquellas que sean urgentes, serán gestionadas directamente por el Ayuntamiento.

En abril de 2004, los políticos se llevarán las demandas de cada consejo para que los técnicos redacten los estudios. Estos proyectos tendrán que presentarse a los delegados en el pleno de octubre, cuando entonces ya estarán casi redactados los presupuestos, sobretodo si se pretende buscar fondos en las arcas autonómicas. Si no se llega a tiempo, habría que incluirlos en los presupuestos de 2006, seis meses después de que hayan cesado los delegados vecinales.

No ha comenzado el trabajo de campo y ya en Ofra se plantea el primer contratiempo. Un delegado está enfermo y baraja su dimisión. Para ser reemplazado, habrá que hacer un sorteo entre 3 sustitutos que quedaron empatados en las elecciones con 6 votos cada uno.

La gran pregunta de los delegados ya se escuchó en el consejo del Suroeste: "¿Cuánto presupuesto hay?", teniéndose que contentar con un lacónico "las partidas están asignadas por áreas".