La Laguna

La Laguna a dos RUEDAS

EL DÍA, en colaboración con un grupo de ciclistas, se ha embarcado en un recorrido por parte del casco de Aguere para comprobar las posibilidades de la bicicleta como medio de transporte urbano.
P. P. PEÑA, S/C de Tenerife
8/nov/03 14:32 PM
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P. P. PEÑA, S/C de Tenerife

La organización Ecologistas en Acción proponía hace pocas fechas la peatonalización progresiva del casco histórico de La Laguna y la construcción de carriles para bicicletas que rodeen la ciudad. Los colectivos sociales que apuestan por que Aguere, Patrimonio de la Humanidad, idee fórmulas para erradicar el caos circulatorio, son cada vez más numerosos. La necesidad de medidas alternativas al transporte convencional se ha convertido en la bandera de quienes demandan, de una vez por todas, soluciones para el tráfico y un au-mento de la calidad de vida.

La peatonalización del casco histórico, la limitación del uso de los vehículos particulares, la utilización del transporte público en exclusiva, la construcción de aparcamientos en la circunvalación, la habilitación de un carril para bicicletas... Cualquier medida vale para dar ese "toque de calidad" que, según muchos, necesita la Ciudad del Adelantado.

Hoy en día, cuando el debate acerca de una movilidad racional se ha hecho sitio en todas las casas, la bicicleta sigue sin superar su estatus de "estorbo doméstico" a pesar de que una parte de la opinión pública entiende que puede convertirse en una de las grandes soluciones a los problemas de las urbes.

La condición de Patrimonio de la Humanidad puede tornarse en un aliciente para conseguir que la "bici" u otro transporte alternativo sean los instrumentos que saquen de las calles del casco a los vehículos devoradores de gasolina o gasoil, máxime cuando las condiciones orográficas de la ciudad, la más llana de la Isla, unidas al espíritu jovial que aporta la Universidad, conforman un escenario propicio para que se implanten medidas correctoras, entre ellas el protagonismo de la bicicleta como medio de desplazamiento urbano.

EL DÍA ha contado con la colaboración de la Federación Insular de Ciclismo, que dirige Juan Marrero, para desarrollar una curiosa experiencia: recorrer La Laguna en bicicleta y conocer de esta forma la realidad circulatoria de la ciudad, pero, sobre todo, las alegrías y penurias de un usuario de la dos ruedas que se aventura por las principales vías del centro de Aguere.

La plaza del Adelantado se convirtió en el punto de partida. Desde ella, varios ciclistas iniciaron un recorrido por la calle Nava y Grimón, un primer tramo sobre el que la opinión fue común: "La dificultad es grande y resulta casi incompatible la convivencia de los vehículos privados y las bicicletas".

Debidamente protegidos, porque de otra forma hubiera sido casi imposible, la marcha cicloturista siguió su recorrido, encontrando graves problemas en las entradas y salidas principales de la ciudad. La avenida de Trinidad y La Milagrosa son dos arterias que soportan un intenso tráfico y la velocidad difícilmente alcanza los 10 kilómetros por hora. Es hora punta, En coche, un recorrido de unos 300 metros tarda en cubrirse unos 15 minutos. A pedales, las diferencias se acortan de manera sustancial: nuestros abnegados ciclistas tardaron tan sólo cuatro minutos en cruzar de punta a punta la avenida de la Trinidad. La Milagrosa, algo menos.

La calle Viana fue otro de los escenarios donde se llevó a cabo este experimento a dos ruedas. En horas de intenso tráfico, la distancia entre la plaza del Cristo y el centro se recorre en coche en un tiempo de entre 15 y 20 minutos. Ese largo cuarto de hora se reduce a 8 minutos en el caso de las bicicletas. Por si quedase alguna duda, lo aclaramos: nuestros colaboradodes de la Federación de Ciclismo respetaron escrupulosamente durante el recorrido las señalizaciones existentes en la vía.

Llegar y aparcar

Nos dirigimos ahora a la calle de La Carrera, otra de las más problemáticas. Los 20 minutos de media que se tarda en completar su recorrido se reducen prácticamente a un tercio mediante la "bici". Los ejemplos se suceden, lo que lleva a nuestros ciclistas a plantearse si merece la pena sufrir las colas, sin olvidar un simple pero contundente detalle: en bicicleta no hay problemas de aparcamiento. En este caso, la rapidez con respecto a los coches llega a quintuplicarse.

La respuesta es clara. Un transportista que se encuentra en la zona reconoce que se necesitan más áreas de carga y descarga en el centro de la ciudad y "un tráfico menos denso para posibilitar el trabajo de camiones y furgonetas de carga". Un taxista, en cambio, aboga por "limitar el tráfico al vehículo privado", ya que entiende que iría en beneficio de la movilidad por el centro y "del turismo, un apartado que en mi opinión, está todavía por desarrollar".

Una voz autorizada, la del presidente de la Federación Insular de Ciclismo, aboga "por alguna medida correctora que posibilite que la bicicleta se adueñe de las calles del casco histórico". En su opinión, ello permitiría que una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad diera "dos pasitos en pos de conseguir más calidad de vida entre sus habitantes, como sucede en algunos núcleos urbanos de Europa".