Jornada Deportiva
LA CRONICA

Kiko culminó una gesta

La victoria del Tenerife, con 10 jugadores casi todo el partido, fue tan inverosímil como el gol del "Ratón", que acabó con la resistencia de un Rayo que llegó a ilusionarse con llevarse los tres puntos.
VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
10/nov/03 12:35 PM
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Ya nos conformábamos con el empate, aunque el Tenerife no estaba por esas, porque aún en inferioridad y sufriendo el dominio claro de su rival seguía tratando de hacer contragolpes para ganar esa lucha contra los elementos. Entonces llegó la jugada, aquella acción tan extraviada, poco clara, inverosímil. Kiko, que estaba rodeado, de espaldas a la portería, la controló como pudo y decidió hacer lo que sabe, se giró y sacó un tiro seco, raso, que superó a Echeberría, tocó en el poste y desató la explosión de júbilo en el Estadio.

Antes había habido mucho partido, pero marcado siempre por la absurda jugada en la que Edu Moya fue expulsado. En esa misma acción se puso por delante el Tenerife, con lo que se abrió un nuevo encuentro, con casi 80 minutos por delante, con uno menos y ganando. Había varias formas de contrarrestar la expulsión. David eligió la de retrasar a Garai a la posición de Moya y mantener así la línea del fondo, pero perdió un efectivo en el eje de la alineación. Con el paso de los minutos, el Rayo se encontró con la pelota y todo el campo para acercarse con facilidad a la frontal del área local. El entrenador visitante reaccionó muy rápido y puso en el campo a Luis Cembranos para que dirigiese la orquesta. Luis se metió en el centro y se echó su equipo a la espalda. Tocó, tiró y orientó el juego. Los laterales, sobre todo Mario, por la derecha, subieron muy sueltos y crearon superioridad obligando a Roberto Carlos a incrustarse en la línea de cinco, con lo que el Tenerife defendió muy atrás, cada vez más, con el peligro de que la acumulación de hombres en su área provocase un disgusto, que no tardó en llegar. De rebote, pero el gol rayista fue la consecuencia de haber perdido de manera tan clara el centro del campo, a pesar del enorme trabajo de Vitolo, de Vázquez y de los dos puntas en la presión.

El Tenerife salía a la contra esporádicamente y pudo hacer daño en cualquiera de las llegadas de Aarón o en una acción de penalty no pitada sobre Keko, pero desde que entró Cembranos, el partido empezó a tener mala pinta. La segunda parte trajo la misma apariencia. Al Rayo le iba obligando anímicamente el hecho de tener un jugador más y la facilidad con la que se presentaba frente al área local, pero en los primeros minutos de la continuación pudieron quedarse sin opciones, porque David puso en el campo a Cristo Marrero, por primera vez como delantero. El zoquero arrancó varias veces desde tres cuartos de campo y se plantó ante el portero. Su velocidad mantuvo al Tenerife metido y asustó un poco al Rayo, que tiene muchas carencias, pero sobre todo una defensa con dos centrales lentísimos.

El técnico visitante se jugó una baza más ofensiva. Quitó al lateral izquierdo y metió a un ofensivo como Geni, consciente de que le sobraban defensas y necesitaba crear superioridad frente al repliegue intensivo del Tenerife. El cambio fue respondido desde el banquillo local poniendo en esa banda a Cristo Marrero, con su velocidad, y colocando sobre el terreno a Kiko "Ratón". Los de David estaban metidos atrás, sin la pelota, sin gente para poder tapar más campo, mientras que su rival le llegaba a la frontal con gran soltura, a base de hacer cambios de orientación para intentar que el habilidoso Marqués le ganase la espalda a Roberto Carlos. Por ahí había peligro y por el centro con los apoyos que hacía Bolo de espaldas, pero el Tenerife estaba vivo, porque mantenía referencias frescas en la punta y porque es un equipo que nunca se rinde. Se apoyó en el traba ajo de los volantes para contener y tuvo arrestos para salir con peligro, de manera que hubo un penalty claro sobre Jonathan que no se pitó, como preludio del golazo de Kiko, que se sacó aquel remate de la nada para hacer justicia, si no en el juego, en el que realmente el Rayo tuvo más protagonismo, sí en la entrega brutal que puso en la contienda el Tenerife, que incluso acabo el partido con Vitolo e Ismael muy mermados físicamente.

David puso a Andrade y con el público jugando como uno más, el partido se acabó sin mayores sobresaltos. Si ya es difícil ganar un partido en esta Segunda División -al Tenerife casi se le había olvidado la última vez-, hacerlo jugando más de una hora con un hombre menos y ante un rival que dio la cara y buscó la victoria, es una gesta. Para hacer estas cosas hay que una tener fe así de grande.

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