Santa Cruz de Tenerife

El Consejo Insular de Aguas verifica el mal estado de los barrancos

El consejero José Joaquín Bethencourt visitó algunos de los cauces cubiertos por escombros en el suroeste y comprobó la gravedad de la situación en el barranco Marrero, en El Sobradillo, o la carente canalización en el de Frías.
EL DÍA, S/C de Tenerife
13/nov/03 22:26 PM
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El Muñeco de Nieve fue el punto de arranque del periplo que realizó en la tarde de ayer el Consejo Insular de Aguas, con el consejero insular José Joaquín Bethencourt a la cabeza, para conocer "in situ" la mala situación de algunos barrancos del suroeste y contrastar sobre el terreno las reiteradas denuncias que han venido realizando en los últimos meses los miembros de la Federación de las Asociaciones de Vecinos de los Distritos Once y Doce de Santa Cruz.

En compañía del concejal de zona, Hilario Rodríguez, y del responsable de Infraestructura, José Domínguez Pastor, los dirigentes vecinales guiaron al Consejo Insular de Aguas por los cauces del barranco Marrero, en la zona de El Sobradillo; el de Frías, en la zona de Barranco Grande, o el de la Monja, en El Draguillo.

Entre las situaciones más alarmantes destaca la pésima canalización del barranco del Muerto, en El Sobradillo. La carreterera tiene más baches que curvas. Allí, el trazado sortea un sinfín de fallas provocadas porque el cauce se cubrió de escombros que, a su vez, han deteriorado el tubo galvanizado instalado en el fondo para canalizar la avenida de agua.

Por si fuera poco, en el margen derecho de la carretera, la expedición se alonga a un cráter que deja al descubierto las vergüenzas de la canalización. El tubo galvanizado está vencido y hasta deformado. Así, el perímetro circular se ha convertido en una elipse y los vecinos temen que, más pronto que tarde, el peso de la tierra se imponga y el agua no tenga por dónde correr.

"Esta canalización no está incluida en las ocho actuaciones previstas para el próximo año por el Consejo Insular de Aguas", se apresura a apuntar uno de los vecinos. El director gerente del Consejo, con cara de circunspecto, reconoce: "La situación es dura", antes de comenzar a describir posibles soluciones. "Una posibilidad sería inyectar cemento licuado e intentar hormigonar el tubo galvanizado". Otra hipótesis, el modelo del metro de Sevilla: "Allí se empleó un sistema muy moderno. Se congeló la tierra y se procedió a perforarla para luego colocar hormigón". "Soluciones hay, pero son caras", reconoció.

Satisfechos por la permeabilidad de los miembros del Consejo Insular de Aguas a las demandas, que según iban conociendo las carencias iban planteando alternativas para intentar sortear este cúmulo de despropósitos, los vecinos imprimen ritmo a la visita para llegar al mayor número de barrancos antes de que se ponga la noche.

El segundo "altar" de la gira por los barrancos del Suroeste es el de Frías, en Las Veredillas (Barranco Grande). La situación no es nueva para el concejal de zona, Hilario Rodríguez, quien se trasladó hace poco más de un mes con el compromiso de traer al lugar al Consejo Insular de Aguas.

Una enorme rotonda pavimentada interrumpe el antiguo cauce del barranco. En medio de la odisea por descubrir un tubo que canalice las aguas que corren por la cuenca, descubren la boca de un alcantarillado. De resto, no hay canalización. Esto justifica que, como la rotonda se eleva poco más de dos metros sobre el nivel de la cuenca, cuando llueve se forme una presa y el agua vaya a salir por un pequeño desnivel que existe junto a un edificio de reciente construcción. El vecino se queja, cuenta la Fadod, de que, antes de haberse mudado, ya se le haya inundado el sótano.

"Esta obra le corresponde a ustedes", le dice el director gerente del Consejo Insular de Aguas al concejal de Infraestructuras de Santa Cruz.

La ruta por los barrancos lleva a la expedición a la zona de La Monja. "Allí hemos solicitado que se paralice la licencia de primera ocupación de un inmueble", recuerda el Consejo Insular de Aguas, a la vez que señala que "ahí hemos instruido dos expedientes sancionadores, uno leve y otro grave". El consejero insular de Aguas, José Joaquín Bethen-court, recuerda que la misión del Consejo es vigilar que los cauces se encuentren en buen estado y no se ocupen y gestionar las infraestructuras.

El Muñeco de Nieve fue el punto de arranque del periplo que realizó en la tarde de ayer el Consejo Insular de Aguas, con el consejero insular José Joaquín Bethencourt a la cabeza, para conocer "in situ" la mala situación de algunos barrancos del suroeste y contrastar sobre el terreno las reiteradas denuncias que han venido realizando en los últimos meses los miembros de la Federación de las Asociaciones de Vecinos de los Distritos Once y Doce de Santa Cruz.

En compañía del concejal de zona, Hilario Rodríguez, y del responsable de Infraestructura, José Domínguez Pastor, los dirigentes vecinales guiaron al Consejo Insular de Aguas por los cauces del barranco Marrero, en la zona de El Sobradillo; el de Frías, en la zona de Barranco Grande, o el de la Monja, en El Draguillo.

Entre las situaciones más alarmantes destaca la pésima canalización del barranco del Muerto, en El Sobradillo. La carreterera tiene más baches que curvas. Allí, el trazado sortea un sinfín de fallas provocadas porque el cauce se cubrió de escombros que, a su vez, han deteriorado el tubo galvanizado instalado en el fondo para canalizar la avenida de agua.

Por si fuera poco, en el margen derecho de la carretera, la expedición se alonga a un cráter que deja al descubierto las vergüenzas de la canalización. El tubo galvanizado está vencido y hasta deformado. Así, el perímetro circular se ha convertido en una elipse y los vecinos temen que, más pronto que tarde, el peso de la tierra se imponga y el agua no tenga por dónde correr.

"Esta canalización no está incluida en las ocho actuaciones previstas para el próximo año por el Consejo Insular de Aguas", se apresura a apuntar uno de los vecinos. El director gerente del Consejo, con cara de circunspecto, reconoce: "La situación es dura", antes de comenzar a describir posibles soluciones. "Una posibilidad sería inyectar cemento licuado e intentar hormigonar el tubo galvanizado". Otra hipótesis, el modelo del metro de Sevilla: "Allí se empleó un sistema muy moderno. Se congeló la tierra y se procedió a perforarla para luego colocar hormigón". "Soluciones hay, pero son caras", reconoció.

Satisfechos por la permeabilidad de los miembros del Consejo Insular de Aguas a las demandas, que según iban conociendo las carencias iban planteando alternativas para intentar sortear este cúmulo de despropósitos, los vecinos imprimen ritmo a la visita para llegar al mayor número de barrancos antes de que se ponga la noche.

El segundo "altar" de la gira por los barrancos del Suroeste es el de Frías, en Las Veredillas (Barranco Grande). La situación no es nueva para el concejal de zona, Hilario Rodríguez, quien se trasladó hace poco más de un mes con el compromiso de traer al lugar al Consejo Insular de Aguas.

Una enorme rotonda pavimentada interrumpe el antiguo cauce del barranco. En medio de la odisea por descubrir un tubo que canalice las aguas que corren por la cuenca, descubren la boca de un alcantarillado. De resto, no hay canalización. Esto justifica que, como la rotonda se eleva poco más de dos metros sobre el nivel de la cuenca, cuando llueve se forme una presa y el agua vaya a salir por un pequeño desnivel que existe junto a un edificio de reciente construcción. El vecino se queja, cuenta la Fadod, de que, antes de haberse mudado, ya se le haya inundado el sótano.

"Esta obra le corresponde a ustedes", le dice el director gerente del Consejo Insular de Aguas al concejal de Infraestructuras de Santa Cruz.

La ruta por los barrancos lleva a la expedición a la zona de La Monja. "Allí hemos solicitado que se paralice la licencia de primera ocupación de un inmueble", recuerda el Consejo Insular de Aguas, a la vez que señala que "ahí hemos instruido dos expedientes sancionadores, uno leve y otro grave". El consejero insular de Aguas, José Joaquín Bethen-court, recuerda que la misión del Consejo es vigilar que los cauces se encuentren en buen estado y no se ocupen y gestionar las infraestructuras.