Nacional

La sucesión de Pujol a la Generalitat, en manos de 5,3 millones de catalanes

Cataluña se enfrenta hoy a las elecciones autonómicas más reñidas de su historia. El nuevo Parlamento catalán afrontará la reforma estatutaria que aumente el nivel de autogobierno de la comunidad. La abstención es temida tanto por CiU como el PSC. El escenario postelectoral se presenta muy abierto.
COLPISA, Barcelona
16/nov/03 22:36 PM
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Algo más de 5,3 millones de catalanes están llamados a votar hoy en las elecciones más ajustadas de la historia de esta comunidad autónoma desde 1980. El cielo amenaza lluvia, lo que podría contribuir a un descenso en la participación ciudadana, temido tanto por los nacionalistas de CiU como por quienes encarnan el "catalanismo social" del PSC.

Tras una campaña trabajada al milímetro, en la que el "delfín" de Jordi Pujol, Artur Mas, ha remontado posiciones hasta poner en duda de la victoria sin paliativos que hace unos meses auguraban las encuestas a Pasqual Maragall, el escenario postelectoral se presenta muy abierto. Sólo una cosa es clara: Cataluña despide al que ha sido su presidente durante 23 años. Y el nuevo Parlamento afrontará la reforma estatutaria que aumente el nivel de autogobierno de la comunidad.

La herencia

La herencia de Pujol está ahora en manos de los electores, poco acostumbrados hasta el momento a volcarse en unos comicios autonómicos. Pujol ha hecho su apuesta e incluso en la recta final de una campaña en la que, con disciplina de hierro, ha procurado ocupar un segundo plano, ha apelado al corazón de sus seguidores; los que durante todo este tiempo le han apoyado más como persona y político que como representante específico de CiU. A ellos les solicitó un único homenaje: que trasladen sus afectos a Mas para que su labor, construida durante más de dos décadas, no se pierda.

Desde el otro lado de la barrera, Maragall, el otro buque insignia de la política catalana, espera que este sea, por fin, su domingo. Las previsiones más optimitas cifran el índice de participación en un 65%, lo que, de producirse, supondría un récord en una comunidad que se moviliza en las generales, pero nunca ha pasado del excepcional 64,26% de 1984, cuando Pujol obtuvo su primera mayoría absoluta.

En los pasados comicios, cuando ya se especulaba con el fin del gobierno nacionalista de CiU y los socialistas trataban de transmitir, como ahora, la sensación de estar en una contienda decisiva para el futuro de Cataluña, votó el 59,2% del cuerpo electoral. No fue la ocasión en la que menos papeletas se recontaron, pero tampoco la que más. En cualquier caso, si siempre se ha pensado que una menor abstención favorecería a los partidos no nacionalistas, en esta ocasión esa máxima no parece tan claro. Y todo por el vertiginoso ascenso de los independentistas de ERC.

Esperanza en las estrategias

Los esfuerzos ya están hechos y los candidatos cruzan los dedos con la esperanza de que sus estrategias hayan tenido efecto. Mas se ha afanado en recuperar para su partido a los electores que se le fugaban hacia ERC como castigo, supuestamente, por las alianzas entre CiU y el Partido Popular. Maragall se ha mantenido firme en el guión que el PSC tenía previsto y no ha dado esta vez sorpresas taquicárdicas a los suyos con declaraciones inesperadas; de eso ya se han encargado el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, y el de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El líder socialista se ha mostrado sereno y confiado en su defensa del "cambio tranquilo" y el "catalanismo social". El papel del PP está aún por definir. Josep Piqué confía en que las encuestas no hayan sido capaces de reflejar el "voto oculto" a su partido y en que su campaña, muy didáctica y encaminada a encumbrarle como garantía de estabilidad política e institucional, haya tenido efecto. El Gobierno en pleno se ha volcado en su causa, aunque no están claros los frutos de ese esfuerzo. En el extremo contrario, la ICV de Joan Saura espera llegar a los siete escaños.