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EL SUELO EN LA ISLA

Vivir en la Isla con los pies en el suelo

La indisciplina heredada del "boom" de los sesenta instituyó una cultura urbanística depredadora y voraz con el territorio, ese recurso escaso, frágil y no renovable sobre el que ahora se intentan aplicar medidas correctoras a partir de nuevas normas de ordenación y la revisión de los antiguos planes.
23/nov/03 12:22 PM
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En buena medida ha sido la indisciplina heredada del "boom" de la década de los sesenta del pasado siglo XX uno de los factores responsables de que se instituyera en la Isla el modelo de una cultura urbanística depredadora y voraz con el territorio, ese recurso escaso, frágil y no renovable sobre el que ahora se intentan aplicar una serie de medidas correctoras que abren un crucial proceso de futuro.

Esta impresión fue unánime entre los asistentes al debate organizado por EL DÍA, al que concurrieron Francisco Palenzuela, gerente de Viviendas Municipales en el Ayuntamiento de Santa Cruz; Fermín García, arquitecto del municipio capitalino e integrante del equipo que revisa el Plan General de Ordenación; Francisco Gutiérrez, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de La Laguna; Francisco Pulido, miembro de Los Verdes, y Pedro Calvo, gerente de la Confederación Canaria de Asociaciones Profesionales (Concap).

Ese conjunto de nuevas normas (Directrices Generales de Ordenación del Territorio, Plan Insular de Ordenación, Planes Territoriales y Planes Generales)

representa la base sobre la que Tenerife debe recuperar su equilibrio "y corrigiendo con valentía", afirmó el edil lagunero, quien subrayó la dificultad de "adecuar los instrumentos de ordenación al ritmo de crecimiento de la población, sectorizando el territorio y referenciando el suelo y su uso con los medios técnicos que existen".

El arquitecto Fermín García insistió en la idea de que "los Planes Generales deben dinamizarse y actuar sobre los problemas reales de los municipios en espacios concretos", porque la evolución demográfica es siempre más rápida que la intervención del plan.

Construir en altura

Ambos contertulios destacaron la necesidad de abrirse a una mentalidad que modifique la tipología urbanística del adosado al uso por una edificación en altura que suprima la construcción en hilera, consumidora de suelo, e implante una nueva forma de ocupación sobre un espacio reducido que busca reinventarse.

Desde ese concepto, explicó el arquitecto, "es posible racionalizar y hacer un mejor uso del territorio, creando nuevas centralidades, tejidos más compactos y cohesionados", mientras el concejal lagunero destacaba el valor de ese entramado como un espacio "generador de nuevas economías".

Por su parte, el gerente de Viviendas Municipales, Francisco Palenzuela, introdujo otro posible elemento corrector que centró en "operaciones de remodelación de las edificaciones obsoletas", una fórmula capaz de aumentar el número de viviendas disponibles sin consumir más suelo.

El representante de Los Verdes, Francisco Pulido, expuso que con un 47 por ciento del territorio de la Isla calificado como protegido, y más de un diez catalogado de urbano, resta un 30 por ciento para el desarrollo de la actividad humana, pero señaló que "la escasez de suelo, que tiene valor en la medida en que se califica, ha provocado un alza de precios, a partir de la especulación", dijo, al tiempo que censuró la actual cultura desarrollista.

Lo rústico

El gerente de Concap, Pedro Calvo, rechazó la demonización y la división social que se pretende hacer "entre buenos, los conservacionistas, y malos, aquellos que quieren dotar al territorio de recursos", dijo, y defendió la coherencia que debe presidir una sociedad moderna, esclava de sus propias contradicciones, que de una parte demanda más y mejores servicios mientras, de otra, rechaza cualquier infraestructura generadora de desarrollo, "provocando un parón en la economía". Además, ponderó el suelo rústico por lo que representa de "valor paisajístico y elemento de conservación".

Francisco Pulido replicó al gerente asegurando que su argumento no significaba, en modo alguno, "que la economía deje de funcionar o pierda vitalidad", y señaló que "el camino está en reorientar los usos del suelo" a partir de dos claras proposiciones: el freno a la especulación y la capacidad para intervenir en la protección del suelo rústico.

El arquitecto Fermín García participó de este debate, señalando que el valor del suelo rústico, que sustenta un sector deficitario, "está contemplado a través de las subvenciones públicas que recibe". Pero, además, advirtió de un fenómeno reciente en cuanto a cómo estamos ocupando el territorio de la Isla, refiriéndose a un crecimiento cada vez más acusado de la costa hacia la medianía y dejando una reflexión en el aire: "Si calificamos suelo urbano a 1.000 metros, mal vamos".

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