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La técnica del agua desalada en países pobres podría frenar la inmigración ilegal

El vicepresidente de la Asociación Internacional de Desalación, José Antonio Medina, estima que el desarrollo en los países del Tercer Mundo pasa por tener agua potable, aunque reconoce que sería una fórmula que acompañaría otras medidas orientadas a mejorar el nivel de vida de sus habitantes.
EFE, Las Palmas
24/nov/03 23:02 PM
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Organismos de crédito internacional y naciones desarrolladas deben dar "un apoyo económico decidido" a potabilizar agua marina en países pobres como revulsivo que ayude a parar la inmigración en opinión de José Antonio Medina, nuevo vicepresidente de la Asociación Internacional de Desalación.

"No digo que esto sólo sea la solución, porque la solución a un fenómeno de ese tipo es compleja y tarda muchos años en aplicarse, pero, al menos, sería poner la primera piedra para mejorar el nivel de vida de esos países, algo que sin agua, desde luego, no se va a lograr nunca", declaró en una entrevista el también presidente de la Sociedad Española de Desalación y Reutilización.

"El agua, entre otras cosas, es un elemento que contribuye a estabilizar la población, ya que -sentenció Medina- un país que carece de agua no puede generar agricultura, ni industria, ni nada".

"Y entonces -prosiguió-, la gente hace lo que vemos desde aquí que está haciendo en estos momentos: salir como puede y tratar de llegar a los países más desarrollados como el nuestro, sea como sea, porque ya todos hemos visto las condiciones en que llegan" los inmigrantes que arriban a España.

Por todo lo expuesto, insistió en la necesidad de ayudar a generar agua desalada como estrategia que impulse el desarrollo en países pobres donde destacó que "realmente es cierto que hay una gran escasez de agua pero, por tratarse de lugares ribereños que tienen una costa importante, también tienen mar" del que extraerla.

No obstante, su problema vuelve a ser de tipo económico, ya que "carecen de la tecnología precisa para desalar su agua porque tiene un coste que ellos, en estos momentos, no pueden pagar, a pesar de que ahora mismo producir agua potable a partir del mar cuesta un tercio o un cuarto de lo que costaba hace quince años".

La conclusión de Medina fue clara: "la única forma de solventar eso es con un apoyo económico decidido de las instituciones internacionales, como el Banco Mundial, la FAO y otros organismos de crédito internacional".

El vicepresidente de la Asociación Internacional de Desalación fue más allá y dijo que ese esfuerzo debe partir "también de las empresas privadas, que, a través de bancos mundiales, tienen que buscar algún tipo de financiación para poder ayudar a esos países" como forma de rentabilizar sus recursos y, a la vez, contribuir a evitar los perjuicios derivados de la inmigración ilegal.

Medina hizo ese llamamiento desde una convicción que ha demostrado con hechos la Asociación Internacional de Desalación, que "agrupa a todos los intereses técnicos, económicos, comerciales, políticos y de otros tipos en torno a la utilización de nuevas tecnologías de desalación y reutilización de agua", al gastar en países pobres fondos propios y dirigir a ellos inversiones públicas.