Internacional

España, entre la espada y la pared en la negociación sobre la Constitución de la UE

A quince días de que se cierre la Conferencia Intergubernamental, la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la UE que se celebra hasta hoy en Nápoles no ha logrado encontrar soluciones a los conflictos planteados por los estados críticos, lo que provocó ayer un sonoro enfado de Ana Palacio.
EFE, Nápoles
29/nov/03 23:16 PM
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EFE, Nápoles

La Presidencia italiana de la UE ha optado por aumentar al máximo la presión sobre España y Polonia, que se resisten a perder peso en la futura Unión ampliada, cuando las negociaciones sobre la primera Constitución europea entran en su recta final.

El "cónclave" ministerial que se celebra entre ayer y hoy en Nápoles, a sólo quince días del cierre previsto de la Conferencia intergubernamental (CIG), no ha arrojado hasta ahora ninguna luz sobre el principal escollo de las negociaciones, relacionado con el reparto de los votos en el Consejo, la institución decisoria de la UE.

La falta de propuestas por parte de la presidencia provocó, al comienzo de la reunión, una queja de la ministra española de Exteriores, Ana Palacio, quien dijo no entender cómo se dejaba para el final lo que constituye un punto central de esta CIG.

Ante los periodistas, Palacio se quejó después de la "falta de equilibrio y comprensión" que se desprendía del paquete de enmiendas de compromiso presentado por la Presidencia en este "cónclave" y de ciertas declaraciones.

A este respecto, Francia está convencida de que al final España cederá en su negativa a aceptar el sistema de decisión por "doble ma-yoría" en el Consejo de la UE, según declararon ayer diversas fuentes oficiales francesas.

"El contexto ahora es diferente a cuando se aprobó el Tratado de Niza (diciembre de 2000), ya que estamos en un momento peligroso en el que es necesario encontrar soluciones y hoy políticamente nadie puede soportar una idea de fracaso", subrayó un alto responsable francés participante en la Conferencia Intergubernamental (CIG), reunida en Nápoles.

Por otro lado, la mención al Cristianismo en la futura Constitución común europea provocó, de forma inesperada, un encendido debate entre los ministros de Exteriores que ha ahondado la división interna europea.

Algunos países llegaron a plantear, incluso, que se reescribiera todo el preámbulo del texto e iniciar de nuevo el proceso.