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Keko evitó el descalabro

Un afortunado gol en el último minuto evita la derrota de un Tenerife frágil, desorganizado e impreciso, ante un Ciudad de Murcia muy blando, que también demostró las razones de su crisis.
VENTURA GONZÁLEZ, S/C.
8/dic/03 12:56 PM
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Keko pasó la cortina y dejó en la trastienda un partido que merece un análisis muy serio. Su tiro libre, que se alió de la suerte para empatar el choque, no puede ocultar lo que sucedió en la hora y media anterior. Eso es lo importante.

Este Tenerife, con un triunfo en doce semanas, ha perdido mucha consistencia. Es un equipo blandito, que sin sus titulares habituales (Garai y Vázquez) se ha vuelto más confuso en la zona media y que está además cargando con el mal momento individual de veteranos llamados a marcar ahora las diferencias. Ayer Keko estuvo negado, pero más Posse, que no se va de nadie. David puso a Corona en el mediocentro y el capitán pagó el efecto de adaptarse a algo totalmente diferente. Se cansó pronto, porque tenía mayor recorrido y no tuvo mucho trabajo defensivo, porque los mediaspuntas rivales nunca jugaron fijos en el centro. Además, el Tenerife perdió mucho sin él en la línea defensiva, tanto que Lillo, tal como reconoció en la rueda de prensa posterior, planteó el partido para sacar provecho de esta situación. El técnico vasco colocó dos jugadores de banda con desborde, Camuñas y Aguilar, con el fin de atraer a Moya y Roberto Carlos, separándoles de Djukic, para entrar luego por ahí con Turu Flores y Guiza, volantes ofensivos más recogidos hacia el centro. No le salió mal, si medimos la apuesta en términos de llegadas. Los murcianos entraron bien por los costados en el arranque de partido, hasta que les fue anulado un gol. Luego, el Tenerife empezó a encontrar la pelota, hizo ancho el campo por la izquierda con el juvenil Ayoze, que tiene una técnica formidable y consiguió varias buenas llegadas que le animaron a meterse en el partido. El árbitro se tragó un penalty por empujón a Keko y el encuentro cayó en el terreno de lo insulso.

Los murcianos juegan en zona, con la defensa adelantada, pero no aprietan casi nada con la segunda línea, por eso el Tenerife tuvo posesiones claras para hacer pases al hueco. En uno de ellos no llegó Antonio antes que el portero por poquísimo y en otro Keko encaró a Tete y le tiró la pelota contra el cuerpo. En medio del tedio, esa ocasión pudo haberle dado la vuelta al choque, pero nos fuimos al descanso conformándonos a duras penas con la intermitencia, y con la sensación de que enfrente había una perita en dulce, porque los de Lillo son buenos con la pelota, pero muy frágiles sin el balón. Dejan recibir, no hacen nada para achicar, y desde que perdieron a Jokanovic hasta el descanso, estuvieron perdidos, como esperando el golpe.

La segunda mitad no pudo tener un comienzo más frustrante. El Tenerife salió igual, pero su rival puso una marcha más y empezó a anticiparse a todos los balones divididos. En uno de ellos sacaron una contra por la derecha, con Camuñas, que es una moto, y la acabaron con un gol de segunda línea, porque Font ganó metros y remató solo ante Álvaro.

Faltaba más de media hora. Ya saben lo que suele pasar entonces. El Tenerife mete más delanteros, el rival se repliega y el partido se cierra para ataques estáticos y se abre para contras. Así fue. Entró Kiko, Antonio se puso en su sitio a organizar, se marchó Andrade y Aarón dio ruptura a la banda derecha. El Ciudad de Murcia tuvo posición defensiva, pero no mucha combatividad, de manera que la garra le bastó al Tenerife para empujarles hacia atrás, sacarles córners y provocar faltas cercanas al área, hasta que llegó el gol. Pero en esa media hora los rojillos tuvieron tres contras de clara posibilidad de hacer el 0-2 y fallaron en el último pase. Mientras, el Tenerife, pasó por los problemas ya clásicos de estas situaciones. Con el Ratón en el campo se puso a jugar por abajo, cuando llevó el balón a las bandas dejó en inferioridad a Aarón y Ayoze contra dos defensores, intentó entrar mucho por el centro entre una nube de piernas y descubrió el balance defensivo. Lo mejor de ese rato final fue que Corona acabó de cierre y cortó dos balones de gol. Ya no estaba Djukic, sustituido por Jonathan para poblar el campo de delanteros. Posse vino muy atrás a enganchar, se enredó en sus regates, y el equipo se angustió con sus propias imprecisiones, en un clima difícil, porque la grada pitaba, los ultras animaban y el tiempo corría hacia la consumación del desastre ambiental que hubiera supuesto perder ante este rival directo por la permanencia. Seamos realistas. Si este Tenerife no recupera su solidez, lo vamos a pasar mal.

LA CRONICA