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Bush celebra la captura de Sadam, pero advierte de que el peligro no ha acabado

El presidente norteamericano saluda el apresamiento del ex líder iraquí como el fin de "una era dolorosa y oscura" y promete que EEUU llevará al reo ante la Justicia, la misma que él negó a sus compatriotas. No obstante, las tropas de ocupación permanecen alerta ante posibles represalias y focos de resistencia.
EFE, Washington
15/dic/03 0:06 AM
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El presidente de EEUU, George W. Bush, celebró ayer la captura del derrocado líder iraquí, Sadam Husein, porque pone fin a una "era oscura y dolorosa", aunque advirtió sobre el riesgo de que continúe la violencia en Irak.

Tras la confirmación de la captura de Husein, la Casa Blanca se convirtió ayer en el centro neurálgico de una febril actividad diplomática, mientras Bush se ponía en contacto telefónico con líderes del Congreso y de su gabinete, así como con diversos gobernantes extranjeros.

En un breve mensaje televisado y dirigido tanto al pueblo iraquí como a la opinión pública estadounidense, Bush se mostró muy satisfecho con la captura de Husein porque, explicó, "era crucial para el surgimiento de un Irak libre".

En el mensaje de unos cuatro minutos, Bush también dijo al pueblo iraquí que "ya no tendrá que temer el régimen de Sadam Husein nunca más", porque ahora Estados Unidos se encargará de llevarlo ante la Justicia, la misma que él le negó a millones de iraquíes durante su mandato. Así, el presidente, con gesto serio aunque que no podía ocultar un aire de satisfacción, pidió que "todos los iraquíes puedan unirse, rechacen la violencia y construyan un nuevo Irak".

Sin embargo, Bush evitó caer en el triunfalismo y reconoció que los soldados destinados en Irak siguen afrontando riesgos.

"La captura de Sadam no significa el fin de la violencia en Irak. Seguimos afrontando a terroristas", afirmó el presidente, quien volvió a vincular la guerra en Irak con la lucha antiterrorista que desató EEUU tras los atentados del 11-S.

EEUU ha sufrido la muerte de algo más de 310 soldados en Irak (185 de ellos en combates) desde que Bush dio por terminados las operaciones militares de envergadura en Irak, el 1 de mayo pasado.

Varios líderes demócratas y republicanos del Congreso, entre ellos los senadores Joseph Biden, Richard Lugar, John McCain y Arlen Specter, también advirtieron que las tropas de EEUU no están libres de nuevos ataques.

Agregaron que la captura de Husein ofrece una buena oportunidad para que EEUU busque un mayor apoyo de la comunidad internacional, convencidos de que los riesgos, gastos y responsabilidades en la reconstrucción iraquí deben ser compartidos.

Bush destacó el trabajo de los soldados estadounidenses que realizaron la operación de captura, en la que no se disparó ni un solo tiro, y que fue propiciada por el paciente trabajo de búsqueda de información sobre el paradero de Sadam. Por órdenes de la Casa Blanca, Washington ha tenido cuidado en no jactarse del suceso más importante desde el inicio de la guerra en Irak, ante los reductos de resistencia y los peligros que aún afrontan las tropas de la coalición.

Poco después de que se divulgasen las primeras imágenes de la captura de Husein, 20 personas murieron y otras 32 resultaron heridas tras la explosión de un coche-bomba frente a una estación de policía en el oeste de Bagdad. Además, otro vehículo-bomba estalló en el centro de Bagdad, cerca del hotel Palestina, en una clara señal de lo que han advertido las autoridades de EEUU: aunque Husein ha pasado de tirano a prisionero, las operaciones militares en Irak están lejos de terminar.

Durante una conferencia de prensa desde Bagdad, el general Ricardo Sánchez, jefe de las tropas estadounidenses en Irak, afirmó que las tropas están preparadas para hacer frente a posibles actos de represalia por parte de fuerzas leales a Sadam Husein.

 Hacia la reelección

Si algo más podían haber deseado los jefes de campaña de Bush es que la captura de Sadam Husein se hubiera producido el 14 de octubre próximo, en vez del 14 de diciembre. Y es que la euforia desatada aún puede disolverse, pero allana el camino para la reelección del presidente. El fracaso de la posguerra se había convertido en los últimos meses en el ataque más efectivo de quienes aspiran a derrocar a Bush en las urnas, y le había conferido especial proyección al candidato antiguerra del partido demócrata, Howard Dean, quien ya no podrá declarar, como hacía en sus mítines: "Y ni siquiera hemos podido detener a Sadam para juzgarlo".