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En tiempos de la viruela

En estas fechas se celebra el bicentenario de la Expedición Filantrópica de la Vacuna, que entre diciembre de 1803 y enero de 1804 estuvo en Canarias antes de partir a territorios de ultramar.
EL DÍA, S/C de Tenerife
21/dic/03 0:27 AM
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El puerto de Santa Cruz de Tenerife fue la primera escala de la corbeta "María Pita", que trasladó hasta los territorios de ultramar, a principios del XIX, a la expedición encabezada por el doctor Francisco Xavier Balmis, con el propósito de administrar la vacuna de la viruela, descubierta en 1798 por el británico Edward Jenner.

El barco llegó a la Isla el 9 de diciembre de 1803, tras su partida desde A Coruña. A bordo, acompañando al doctor Balmis, había otro médico militar, un equipo de ayudantes, enfermeras y una institutriz, pues la forma más segura de trasladar la vacuna en aquella época era inoculada, y se decidió efectuar este protocolo con 22 niños procedentes de orfanatos.

En tierras canarias se aplicó el mismo procedimiento que luego se desarrolló en Latinoamérica y Filipinas, que consistió no sólo en suministrar la vacuna de la viruela, sino en ofrecer a los especialistas locales el conocimiento necesario para su administración.

Durante los 27 días de estancia en Tenerife muchos médicos aprendieron la técnica, ya que el objetivo de la experiencia era el de dispensar un gran avance de la medicina que en aquella época estaba contribuyendo a salvar millones de vidas, ya que la viruela era una auténtica epidemia mundial, que se había convertido en la "bestia negra de la infancia".

El espíritu de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de la Viruela es hoy en día la guía que inspira a las grandes intervenciones sanitarias y humanitarias, ya que su disposición y patrocinio, formulada por el Rey Carlos IV, estaba justificada por los estragos que la enfermedad estaba ocasionando en aquellos territorios.

En pueblos de América que no habían estado expuestos a la viruela la tasa de mortalidad fue del 50%, y en Europa afectó a un 10% de la población.

Desde el primer día de estancia de la expedición en Tenerife, el doctor Balmis se puso manos a la obra. La primera medida que se adoptó fue conseguir a diez niños de familias distinguidas de la Isla para inocularles, y así poder seguir administrando la vacuna a otras personas. En aquella época de dificultades económicas y de acontecimientos mundiales de gran relevancia, aún quedaba margen para respaldar el propósito de la expedición del doctor Balmis, por lo que se recurrió a donativos, suscripciones voluntarias, arbitrios y una lotería para sufragar gastos.

El comandante general de Canarias, el marqués de Casa-Cagigal, solicitó que del resto de las Islas partieran rumbo a Tenerife barcos, con niños a bordo para administrarles la vacuna y acompañados de facultativos, con el fin de que éstos aprendieran la técnica para seguir administrando los beneficios de aquella campaña de vacunación.

A su vez, y con el objetivo de garantizar en Canarias el beneficio de aquella experiencia, se creó en Tenerife la primera "Casa de Vacunación", dotada con todos los medios necesarios para preservar el fluido vacunal. Estas dependencias quedaron a cargo de los doctores Joaquín Viejo-Bueno y Juan García. Estos facultativos contribuyen a aportar los primeros datos científicos de la expedición, ya que se sometió a este tratamiento a personas de todas las edades, lo que reportó observaciones interesantes que tuvieron un gran valor en Latinoamérica y Filipinas.

En principio, el clima de Canarias provoca que la vacuna se manifieste con menos lentitud que en Europa; que el fluido "falla o no prende en cutis ásperos y resecos", así como, que suele fracasar en personas que padecen erupciones cutáneas, principalmente sarna.

Ahora, dos siglos después de la gesta, se celebran actos en todo el mundo. De Canarias se partió el 6 de enero 1804 con rumbo a Puerto Rico, donde empezó un periplo lleno de dificultades, que fue superado por el valor de un cirujano con espíritu aventurero y un equipo que supo compartir un compromiso que con el tiempo ha encontrado su justo reconocimiento.