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Gafas para la dislexia

Daniel es un joven tinerfeño al que unas lentes de colores le han cambiado su vida, después de solucionar sus problemas derivados de la dislexia que padece. El invento procede de Reino Unido.
21/mar/04 07:19
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IOSUNE NIETO, Tenerife

Unas gafas, en realidad unas lentes, pueden cambiar la vida de los disléxicos. Al menos eso es lo que le ha ocurrido a Daniel.

Este joven tinerfeño sufre dislexia y con ella todos los síntomas y problemas que se derivan de esta afección: de mezclar las letras se pasa a los problemas en el aprendizaje y, en muchos casos, al fracaso escolar.

De hecho, ese fue el diagnóstico realizado en los diferentes colegios por los que ha pasado este chico, que hoy cuenta con 16 años y presume de "muy buenas notas".

"Durante 15 años he sido el peor alumno: en el colegio Alemán me echaron, en el Miguel Pintor me dijeron que no servía para estudiar y en Madrid fue lo mismo o peor". En el colegio en que estudió en la capital de España "me dijeron que me olvidara de hacer una carrera y ahora, cuando he ido a enseñarles mis notas no lo creen".

La solución casi mágica a la que se refiere Daniel y su ma-dre, residente actualmente en Madrid, son unas lentes de colores que se aplican como unas gafas, con las monturas que uno elija, y "parece como si te ordenaran el cerebro", explica Daniel.

La clave está en el color de las lentes, que se personaliza en función de cada usuario, quien para ello debe hacerse unas pruebas hasta dar con el color o colores que corresponden a su problema.

En el caso de Daniel coincide que ambas lentes son de color rosado, aunque en otros usuarios puede darse el caso de que una tenga el tono amarillo y la otra azulado.

La historia de este hallazgo que ha logrado acabar con muchos años difíciles debido a la dislexia, la cuenta Ágatha, la madre de Daniel, que relata cómo su hijo había probado de todo, desde logopedia, una terapia con plastilinas, cursos muy caros... todo ello sin resultado.

"Daniel iba a clases de lectura, pero llegó un momento en que ya no quiso ir, porque los logopedas llegan a un punto en que ya no logran más", recuerda esta madre, sin hacer por ello ningún tipo de crítica a la labor de estos especialistas.

Entonces, tuvo conocimiento de una persona que fue a Reino Unido y volvió con unos cristales de colores para la dislexia, que hay que ir a probarse. "En una hora se ve si funciona o no", precisa.

Esta mujer, de la que no da el nombre, se ha dedicado desde entonces a difundir los logros de las gafas, "y hoy en día más de 800 niños las llevan con un 98 por ciento de éxito", asegura la madre de Daniel.

No obstante, advierte de que no hacen milagros y si el niño va flojo en Matemáticas "no se va a convertir en un experto matemático, porque el cociente intelectual no cambia".

Comprobado el éxito de las gafas en su hijo, esta madre ha empezado a colaborar para difundir lo que pueden lograr en personas disléxicas, "porque veo que ayudan", y aunque admite que hay que "gastar dinero en el viaje, merece la pena".

La madre de Daniel hace una aproximación al fundamento de las lentes, que en un principio se pensaron para las personas que sufren daltonismo: "De 250 colores, se ha resumido en 8 colores básicos los que hacen que la información que entra por el ojo se convierta en impulsos nerviosos, lo que no funciona bien en los disléxicos", afirma.

Al parecer, y siempre según el relato de esta ma-dre y su hijo, las lentes consiguen ra-lentizar esos impulsos nerviosos, con lo que el disléxico nota como si se organizara mejor su cerebro, o así al menos es como lo percibe Daniel.

Ágatha puntualiza, por otra parte, que "no es el color el que estimula, sino la base de tintes, y que es lo que tarda varios días en lograrse".

También esta madre, interesada en difundir lo que ha supuesto en sus vidas haber dado con esta solución, admite que "es sorprendente, pero es lo único que le ha funcionado a mi hijo".

Daniel recuerda que ni siquiera él al principio se lo creía ni quería usarlas. Pero, puesto que tenía "problemas graves, no rendía en clase y no podía leer bien" dio su brazo a torcer.

Coincide con su madre, en que acudir al gabinete de logopedas "me ayudó , pero no en lo que quería", por lo que, al final, se decidió a probarse las lentes.

"La prueba me la hicieron en Madrid en casa de esa señora, aunque la primera vez nos fuimos sin comprarlas. Después del verano, me lo volví a pensar y decidí probármelas y me di cuenta de que todo iba mejor", prosigue. "Notaba todo como más nítido, como si me organizara el cerebro".

David asegura que no sólo ha mejorado en sus estudios, sino que al ganar confianza en sí mismo tras ver superado su problema, ahora se ha apuntado a un curso de piloto de ultraligero, de radioaficionado y se está preparando para el carné de moto.

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