CUANDO UN GRUPO DE VINATEROS de Tacoronte, El Sauzal, La Matanza y La Victoria, a la cabeza de los cuales estaban los alcaldes respectivos, creo yo que, estudiando por libre aunque debidamente documentados como se ha demostrado en la reciente Fitur 2007, proyectaron en la Isla, y creo que avanzaron bastante en la organización de lo que dieron en llamar Enoturismo, invento que yo creí que era pionero, y lo dije en esta columna. Pero resulta que era conocido, y practicado ya, en otras regiones vinícolas de España e, incluso, de parte del extranjero. Eso lo he sabido al leer que se cuenta ya con poner en marcha este año Las Rutas del Vino de España por parte de muchas comunidades productoras de caldos que quieren impulsar esta incipiente modalidad turística y que ya se han lanzado a la presentación de guías y de los productos correspondientes. Dice el texto informativo que publica la Prensa que "Canarias apuesta con decisión por este nuevo nicho de negocio", en que Tenerife dejó el listón muy alto en Fitur. Lo de nicho no me gusta nada porque dice precisamente lo contrario de lo que quiere expresar. Nicho es cosa de cementerio y sirve para meter lo que ha muerto. O sea, que el dichoso nicho, en vez que producir negocio, va a servir para enterrarlo. Así que sugiero al innovador juntaletras, como una vez me llamaron a mí, que cambie la palabreja porque va a producir en Fitur mucha confusión.
El enoturismo, según explicó en la reunión de marras el alcalde de Tacoronte, don Hermógenes Pérez, en lenguaje entendible, que hubo oportunamente que traducir al habla llana, consiste en organizar, con turistas, una caminata por las "rutas del vino" que, en el caso de la comarca Tacoronte, El Sauzal, La Matanza y La Victoria, o sea, una "ruta" que comprenda la comarca que abarca la "Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo", donde se coló El Sauzal. En esa "ruta" se dispondrán las tascas correspondientes con los vinos que se estimen: una especie de recorridos parecidos a los de las bodegas de Jerez donde se da al visitante vinos diferentes en progresión creciente de "grados". Un servidor ha hecho varias veces esas "rutas interiores", pero no ha podido evitar el que los bodegueros consideran un desaire porque, en lugar de cantar un fandanguillo, me ha dado por entonar La farola del mar o Uvas tienen las parras del cura, al final o durante el recorrido, según el morapio ingerido. Cuando aquí se ponga en marcha el enoturismo, se escucharán cantos regionales de Baviera, canciones como "O sole mío", fados, sicilianas y algunos cursis tararearán la "Incompleta" de Shubert, la "Para Elisa" de Beethoven y terminarán, también, con "Vaya coloque que lleva don Roque", cuando los mago-guías se carguen a lo largo de la "Ruta de Enoturismo".
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