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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Valentinadas

15/feb/07 03:04
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Si les hubiese escrito ayer, que era la fecha, sobre San Valentín, quizás a más de uno -o de una- le habría recordado sus obligaciones de enamorado, presunto o real. Obligaciones que, mayormente, pasan por la compra de algún obsequio o la reserva de una mesa en un coqueto y romántico restaurante. Prefiero no haber sido un medio y circunstancial alcahuete y hablarles de la jornada, impuesta sociológicamente por el comercio, pero con raíces precisas e históricas en el santoral cristiano, a toro pasado.

No les voy a repetir la biografía del santo, que debería haberse llamado Celestino y que, pese a su santidad, se enamoró de la hija de su carcelero, porque ya me he referido a ella, aquí mismo, en alguna otra oportunidad.

Sí me apetece recordarles que, en muchos países de América, el catorce de febrero es feriado, o sea que pinta rojo en los calendarios laborales. Suelen organizarse bailes y verbenas populares y, por lo general, a las parejas se les hacen sustanciosos descuentos -de hasta un cincuenta por ciento- en los restaurantes, una costumbre que empieza a ser cada vez más habitual también en España. Si las rebajas no son tan atractivas como al otro lado del charco, por lo menos los restauradores y cocineros se preocupan por ofrecer menús especiales para los clientes emparejados, que, acaso, se lleven fatal, pero a nadie le molesta aprovechar las gangas a la hora de cenar, oigan. Tampoco hay que hacerse arrumacos ante el camarero para demostrar la autenticidad de los íntimos sentimientos, me parece a mí.

Este año, en México, por ejemplo, además de todas esas cosas de las que les cuento, se celebró la quinta edición de un concurso de besos. El certamen tuvo lugar en Guadalajara y participaron más de mil doscientos besucones, algunos de los cuales lograron permanecer osculeándose más de una hora. Y hasta dos, pero nadie logró batir el récord de ciento treinta y cinco minutos dándose la lengua, establecido en 2005.

En Estados Unidos, como te olvides de San Valentín puedes tener un follón de mucho cuidado con tu media naranja. Y, como sucede que, a veces, una media naranja está verdaderamente hasta las narices de la otra media, una empresa especializada en buscar excusas y fingir situaciones para librarse de las empalagosas exigencias propias de la festividad, la Alibi Network, se forra cada catorce de febrero, cobrando entre 35 y 1.500 dólares, a quienes no tienen el menor deseo de pasar la velada con sus novias o esposos. Las coartadas son de lo más variadas y el incremento progresivo de las ganancias de la compañía, demuestra que ni todo el monte -aunque sea el de Venus- es orégano y que San Valentín, el pobre, lo tiene cada vez más crudo. Los tiempos cambian.

josechela@mojopi.com

 

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