Es muy fuerte lo de Amargo
Es muy fuerte que todavía no hayan puesto de patitas en la calle a Rafael Amargo, y más cuando hay un contrato de un millón de euros de por medio.
El Carnaval chicharrero, a la vuelta de la esquina, y este señor viajando y sin haber empezado las fiestas nos pone a parir, cagándola con la prensa con frases que él mismo puso de su boca y luego desmintiéndolas en las televisiones. Pero menos mal que se le descubrió el pastel, gracias a la prensa como EL DÍA . Cómo se permite esta persona hablar de un Carnaval que lleva más de 50 años, y hoy por hoy es conocido internacionalmente, y que venga un don nadie a decir que nuestra gente no vale, que son gordas, bajitas y que no saben ni bailar... Basta ya.
Hablemos de culpables: Zerolo y, posiblemente, el concejal de Fiestas. Zerolo, recuerdo sus palabras, usted dijo que Las Palmas quería llevarse a Rafael Amargo. Pues mire usted, nos hubiera hecho un gran favor de largarlo a la isla canariona. Y, por cierto, antes de que la cague también, no se le ocurra traernos a la Belén Esteban. Como esta persona venga y se tope con la gente que le tiene ganas, y que la hay, tendremos culebrón en televisión para rato.
Acaso Rafael Amargo y Belén Esteban se conocen, pues buena pareja hacen los dos, un cóctel explosivo, ideal para nuestro Carnaval. ¡A quién se le ocurrió traerlos! Por favor, no más polémicas, más seriedad para nuestro Carnaval.
Alcalde, en Santa Cruz y todo Tenerife se encuentra muchísima gente en el umbral de la pobreza con dificultades para llegar a fin de mes, y no entiendo el derroche con estos payasos de poca monta que no nos llegan ni a las suelas de los zapatos. Un dinero que hubiera utilizado con la gente de nuestra tierra, y le puedo asegurar que hubiera quedado usted como un buen alcalde, generoso, y su pueblo orgulloso de su buena obra, pero todo esto es utópico.
Bastantes problemas tiene nuestra ciudad en su tráfico cargado, y que es insoportable, y las tan sufridas obras interminables del tranvía, para que encima nos vengan a cagar el Carnaval, que es nuestro, me reitero.
¡Ah! si Amargo gana peseta y media de un millón de euros que recibe, podíamos contratarlo para el próximo año por peseta y media. La ciudad de Santa Cruz subsanaría, quién sabe, sus cuentas.
R. Cazorla
Santa Cruz, una ciudad
Paren un momento, olviden todos estos problemas, miren a Santa Cruz. Debajo de las obras, del tráfico, del Carnaval, de los políticos... está Santa Cruz. Preciosa ciudad que no merece esto. Somos gente amable y tolerante, tranquila y alegre... Nos olvidamos de que debajo de todo esto que nos están contando, de la imagen que queremos dar, de la gran ciudad inventada, está el pueblo acogedor y cálido que hace de Santa Cruz un sitio para vivir. Paren un momento y miren sus calles de casas antiguas, nuevas y caóticas, paseen por ellas sin prisa, en un invierno que no existe y nunca ha existido, crúcense con alguien y sonrían, ¿a que esperan una sonrisa y la reciben?
Eso es Santa Cruz y, sin querer ser copia de una campaña publicitaria, ¿no puede aplicarse la frase de "qué suerte vivir aquí"? Huyamos de todos los que nos hacen creer que no somos nada sin obras, tráfico, Carnaval, políticos... Vivo en el centro, crecí en un barrio, mis vecinos son los del Toscal y también los del barrio de La Salud, los de Ofra, los de Añaza... Santa Cruz es un pueblo grande, ¿por qué ser una gran ciudad? ¿por qué no pedir simplemente mejorar para nosotros?, ¿es necesario ser mejores que otros para ser felices? No podemos permitir perder nuestra esencia a costa de luchas políticas. Queremos un Santa Cruz para nosotros, lo demás vendrá dado si toca.
Ahora lo que toca es mantener nuestra cultura, nuestro estilo, nuestra forma de ser... respetarnos para que nos respeten. Repito: qué suerte vivir aquí y, el que enfrente vecino con vecino, el que nos quite la sonrisa, que se vaya, que a fin de cuentas no vive aquí y ya se ha olvidado de lo que es eso, sea en un barrio o en el centro. Y el que venga que mire por nuestro pueblo todo el año, en el Carnaval también, pero más en lo cotidiano, en el día a día, que nos rescate y nos devuelva la tranquilidad y la cordura, que parece que se está perdiendo.
Marta Expósito González
Estrecha vía la que deja el tranvía
No prejuzgo la utilidad, beneficios o mejora que puede suponer el tranvía en Santa Cruz; no obstante, recuerdo que en Zaragoza, donde en el año 1975 comencé mis estudios universitarios, la mayor señal de "progreso" fue ver eliminar la última línea de tranvía, que creo recordar era la 30 y discurría por San José; posteriormente le tocó el turno a los trolebuses, "guaguas", que eran eléctricas e iban conectadas a una catenaria que, de vez en cuando, se salían del cable de alimentación, teniendo que bajar el chófer para acoplarla. Todo este preámbulo no tiene más justificación, aparte del grato recuerdo de tiempos pasados, sobre todo por la juventud de la que uno disponía, que la de indicar que esta modalidad de transporte discurría al mismo nivel de la calzada y la compartía con turismos, guaguas y viandantes.
Esta semana observé a una señora anciana y en camisón -que, imagino, además de desmemoriada, estaba enferma-. La Policía y una ambulancia decidieron trasladarla a un centro sanitario desde la calle del Castillo, donde estaba sentada en el zaguán de una puerta. Seguí en dirección a mi trabajo y pude observar pasados unos minutos que esta ambulancia estaba en la calle Ángel Guimerá, limitada, por el lado derecho, en dirección a la plaza Weyler, por los alcorques y la acera y, por el lado izquierdo, con el bordillo de separación de la calzada con el sistema viario. En definitiva, estaba encajonada. Y lo más grave, conté más de veinte vehículos que le impedían el paso hasta el primer desvío posible por la calle de la X. Imagino, por lo que pude ver, que la señora por desgracia tenía un mal grave por edad y previsible demencia, pero no denotaba una urgencia vital; distinto sería, y es lo que quiero poner de manifiesto, que fuera un infarto, hemorragia cerebral o en otro orden de cosas un incendio donde quedaran colapsados los servicios de extinción.
Esta es mi reflexión. Imagino que alguien más preparado habrá previsto soluciones al respecto. Yo no alcanzo a verlas y lo más triste es que seguro que éstas pasarán por "romper" los bordillos que se acaban de poner, separando vías de calzada, para poder ir dejando salidas de emergencia para este tipo de vehículos de emergencia.
J.V.M.
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