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ANTONIO-PEDRO TEJERA REYES

El Caribe avanza

15/feb/07 03:04
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SI COMENTÁBAMOS hace bien poco los espectaculares avances del turismo en Venezuela, parece interesante referirnos en esta ocasión a toda esa zona del mar Caribe donde sus imponentes escenarios turísticos alcanzan las más asombrosas cotas de la mejor calidad para el desarrollo turístico, llámese sencillamente el binomio sol y playa, o concretamente su extraordinaria riqueza para un turismo cultural, o de aventura, que fluye hoy en el mundo como una auténtica revolución socioeconómica.

El Caribe, sembrado de míticas leyendas, historia para dar y tomar, y las más exuberantes bellezas naturales, es ya una meta del turismo del Norte americano, del europeo y del asiático. Las comprobaciones están al día en los enjundiosos estudios que la Organización Mundial del Turismo publica regularmente.

Países por descubrir su potencial, como son Honduras, Guatemala, Nicaragua, etc., son hoy motivo de serios estudios y destino principal de las más importantes empresas mundiales, que han advertido la existencia de un auténtico filón de oro en este extraordinario escenario.

No están faltos de aventureros estos lugares. El Caribe está siendo una meta para muchas cosas. Empresas hoteleras de las más altas calificaciones, compañías aéreas de sólido prestigio y varios de los mayores operadores turísticos mundiales se abren caminos en el área, propiciando desarrollo sostenible y creación de empleo de la forma más correcta posible. Junto a éstos, surgen los aventureros oportunistas a los que sólo encandila el capital, como si de los viejos piratas del ojo tapado se tratase, en busca del célebre El Dorado.

En la conciencia y la preparación de los políticos y empresarios centroamericanos está el saber distinguir y valorar todo este entramado que se está moviendo en el entorno de su trepidante desarrollo turístico. En nuestros periplos por esta rica zona hemos contemplado, y nos hemos informado, de los más absurdos disparates que se han realizado -o se están realizando- en varias de sus naciones, donde no se ha ido precisamente a buscar los conocimientos necesarios para realizar sus proyectos a los lugares más propicios para ello, y se ha caído, por así decirlo, en manos de inescrupulosos elementos cuya actividad está signada, como decimos, sólo en sus ganancias económicas.

En el turismo, como en todas las actividades de la sociedad, habrá que tener muy presentes las obras que se ejecutan para no caer en responsabilidades futuras, con desfases ultrajantes, que nos pueden dejar anclados para siempre sin poder reaccionar ante la evolución técnica mundial. Estamos cansados de observar cómo se producen los cambios en los más ambiciosos proyectos que, en su momento, aún resolvían los problemas, pero que pocos años más tarde quedaban obsoletos por su inoperancia al no haberse previsto, precisamente, ese avance tecnológico que la ciencia nos ofrece cada día más.

En la famosa Era del Conocimiento existen entidades mundiales alrededor del desarrollo turístico, cuyos logros están avalados por sus experiencias contrastadas, a las que hay que acudir si de verdad se quieren hacer las cosas bien, sin otra alternativa. Otra cosa, poco seria, o pendiente de fines inconfesables, es que se quiera beneficiar a unos u otros sin poder definir claramente hacia dónde se va.

En el desarrollo del turismo a niveles mundiales, los modelos están ya a la vista. No estamos en los años cincuenta ni sesenta del pasado siglo. Hoy hay suficientes elementos de juicio para saber a qué puerta hay que tocar si de verdad queremos participar en un desarrollo acorde con las necesidades de nuestras naciones, de nuestros pueblos, de nuestras ciudades... de nuestras gentes.

Parece, entonces, más que conveniente que zonas que hoy gozan del más trepidante ritmo en su integración en el mundo civilizado del desarrollo turístico entiendan este mensaje y se apresten a consolidar ese desarrollo, buscando a las empresas serias y responsables, que no confundirán nunca una isla del Mediterráneo con otra del Caribe, o no irán a la construcción de obras faraónicas cuyos fines sean exclusivamente engordar presupuestos para sacar sus beneficios económicos.

El medio social que se mueve alrededor del turismo -y cuyos fines están por encima de toda especulación- debe ser respetado en toda su extensión, desterrando toda esa caterva de vividores de escasos conocimientos pero de "grandes proyectos y experiencias", que sólo basan éstos en su poder político o económico, muy lejos, lejísimos de esos fines sociales que el turismo lleva consigo y que es lo que realmente nos debe importar a todos.

El Caribe está siendo la meta de miles de turistas y de miles de millones de inversión, de cómo se maneje el tema, y en cómo se canalice su desarrollo sostenible -en toda la extensión del tema- dependerá su futuro, no el de unas pocas décadas, sino el de siempre, que es lo que nos debe importar.

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