Intentar eliminar el carnaval de las calles de Santa Cruz resulta tan grotesco como prohibir esquiar en el Roque Nublo (G. Canaria), en donde su carnaval se desarrolla con tan monótona normalidad que no es noticia.
El notición fue cuando un abogado de aquí dijo, "¡silencio, coño!", y el carnaval de Tenerife ocupó primeras planas, abrió telediarios y llenó tertulias, asustados todos por el futuro de sanfermines, tamborradas, moros y cristianos, chirigotas, mascletás y Semana Santa. Enhorabuena porque España, ruidosa toda ella, se unió a "Serolo". Pero no se entiende cómo un ex consejero de Turismo que vendió el plátano en la Plaza Roja de Moscú y disfrazó la Muralla China, ahora, con sus concejales y asesores, haya entre-gado el "Tenerife Amable" a la chusma periodística del corazón, a artistas de 5ª fila, y a una anacrónica coreográfica para hacer un espectáculo vulgar, bochornoso y sin sentido, con la vergüenza ajena que nos hizo pasar a los chicharreros que lo veíamos venir.
Pero vamos con los decibelios, porque habría que ver cuántos son los ciudadanos que protestan, y cuál es el entorno que sufre los ruidos. Hace un año escribí: "No creo ser muy original si digo que la libertad de los unos para ¿cantar?, termina con el derecho de los otros para dormir. Además de que les hiede el penetrante olor que impregna el zaguán y ventanas de sus casas, fruto de la mezcla de arrojadura y orines o, dicho de otra forma, vomitadura y meados. Y todo esto gracias a la gracia de unos señores/as que no están disfrazados, sino más bien en calzoncillos y descamisados hasta las 9 de la mañana, y a los que les importa tres pimientos el carnaval. Así que, concejal de fiestas, habrá que estudiar esta protesta". Y continuaba: "erradicar la fiesta callejera del centro es un serio problema de infraestructura y organización ante la tradición del carnaval más diferente del mundo. Prueben un horario, más o menos, desde las 8 de la noche hasta las 3 de la madrugada, ¡siete horas de juerga y jolgorio!, con lo que además de un cierto relax para los vecinos, la juventud durmiera algo para disfrutar de ese otro carnaval mañanero tan bonito, o más, que el nocturno. Sé que muchos me verán como un bicho raro, pero... yo probaría". Y acababa: "Ahora es el momento". Pues, ni puto caso, oye.
Por eso, aquí, ¡otra vez!, para darles más consejos para el año que viene, en la inteligencia de que el alcalde es el responsable de todo el conjunto del carnaval, sí; pero los culpables también son los "encargados".
Inconcebible, ya lo habíamos avisado, descargar (?) a "mitad de curso" al concejal de Fiestas, Bruno Piqué, y encargar a escasos meses de tremendo barullo a Hilario Rodríguez, responsable de la ya complicada y absorbente Seguridad Ciudadana y Tráfico. La improvisación es mala; así que, desde mañana mismo, miércoles de Ceniza: un concejal exclusivo para Fiestas, con un equipo enterado y serio, a trabajar ¡ya!
Porque no es de recibo, ¿o hubo recibos?, no haber hecho un seguimiento y supervisión para evitar el bodrio que se estaba cociendo en el recinto ferial. Culpable el alcalde que decretó esos cambios (?), pero frescos e insensatos los que dejaron, o aceptaron, "así como así", la responsabilidad y la ejecución de uno de los actos ¡más importantes de Canarias!, y que hoy nos está ridiculizando nacional e internacionalmente.
Menos mal que no aceptaron el pretendido insulto católico, ¿a quién se le ocurriría?, de sacar a la vulgar y basta Esteban crucificada, porque se hubiera armado un belén.
Conseguida la "voz en off" para acabar con los repetitivos comentarios de los presentadores/as, parece como, ¿quieres café?, pues toma siete foráneos empeñados en enseñarnos a los de aquí qué es el carnaval y lo que sufren las reinas. ¡Manda huevos!
Cuando en una gala lo principal, el protagonismo de las sufridas, ilusionadas e impresionantes reinas, pasa a ocupar un segundo lugar es que algo se ha hecho mal.
¿Mal o bien los Diablos Locos con su plante? No lo sé, pero desde luego mejor que la Ni Fu Ni Fa y los Cariocas por colaborar en tan insolidaria gala, que ha sido la más vulgar, chabacana, extraña, sin sentido, de las más largas y? la más cara. ¡Ños!
Así que, antes de ir a Las Palmas a ver cómo se hace la gala que ellos nos copiaron, les mando un consejo y un símil.
El consejo. No quieran cambiar lo incambiable. La gala de Tenerife consiste en juntar y mezclar estos cinco elementos "fijos e inamovibles": comparsas, agrupaciones, rondallas, murgas y las reinas. Todo ello embutido desde una masiva, multitudinaria y apabullante obertura de luz y color, hasta un apoteósico final, que nunca se conseguirá en un recinto cerrado. Eso es todo; no hay más. El truco está en hacerlo cada año distinto y atrayente. ¿Y cómo se hace? ¡Anda tú, ahí está el artista, ahí está el ingenio, ese es el quid!, que ya nos demostraron directores y coreógrafos canarios y peninsulares.
El símil. La gala es como una corrida de toros donde no se pueden quitar los toros ni los toreros, porque entonces sería otra cosa. Y todavía lo taurino admite la "corrida bufa" con vaquillas, perros amaestrados, payasos y enanos, pero donde el protagonista principal es el Tancredo. Aquí hay un montón.
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