NURIA DÍAZ, S/C de Tenerife
Uno de cada cinco hombres y una de cada seis mujeres tiene el riesgo de padecer un ictus o accidente cerebrovascular en algún momento de su vida, una patología que puede provocar la muerte o secuelas graves si no es atendida inmediatamente en un centro hospitalario de tercer nivel y que disponga de los recursos necesarios para practicar fibrinolisis.
Por ello, los especialistas insisten en que si una persona sospecha que puede estar padeciendo esta enfermedad, que es la tercera causa de mortalidad en los países desarrollados y la primera de incapacidad en el adulto, debe dirigirse sin demora a los hospitales universitarios de Canarias (HUC) o Nuestra Señora de la Candelaria.
El jefe del servicio de Neurología de este último y responsable de la Unidad de Ictus del centro, Fernando Montón, explicó a este periódico los síntomas que indican que se puede estar sufriendo este tipo de ataque. Así, lo normal es que las personas afectadas por esta patología cerebrovascular, que daña los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro, sientan adormecimiento o debilidad repentina en el brazo y/o la pierna de uno de los lados del cuerpo, trastornos del lenguaje y pérdida de la visión en un lado del campo visual.
Ante estas señales de alarma, el enfermo debe acudir de forma inmediata al servicio de urgencias de un hospital público de tercer nivel. No al médico de cabecera o al centro de salud, aclaró el especialista, porque, en el caso de que se confirme el diagnóstico, en estos últimos no le podrán suministrar el tratamiento adecuado, denominado fibrinolisis.
Este tratamiento, del que sólo se beneficia el 2 por ciento de los afectados, consiste en la aplicación de un fármaco que disuelve el coágulo que impide que la sangre, y con ella la glucosa y el oxígeno, lleguen al cerebro provocando así la muerte de las células no irrigadas, que luego son irrecuperables.
Cada minuto cuenta
El neurólogo subrayó que la rapidez a la hora de aplicar este tratamiento es básica para evitar sufrir secuelas graves o la muerte e informó de que debe administrarse antes de que transcurran tres horas desde que comenzó el infarto cerebral. No obstante, el doctor Montón dijo que la fibrinolisis sólo puede usarse cuando el ictus es isquémico, es decir, cuando el coágulo que lo provocó está dentro del vaso sanguíneo.
En el otro tipo de ictus, el hemorrágico, esta técnica perjudicaría al paciente ya que el fármaco administrado favorecería la hemorragia. Por ello, subrayó, lo primero que se hace a los pacientes que llegan con un accidente cerebrovascular es un escáner que descarte que sufre una hemorragia.
"Al año del accidente el 50 por ciento de las personas que ha sufrido un ictus ha fallecido o tiene secuelas graves. Con el tratamiento fibrinolítico mejora mucho este pronóstico", aseguró el especialista. Indicó que en el Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria desde que en el año 2001 se puso en marcha la Unidad de Ictus se han practicado 30 fibrinolisis y se atiende una media de entre 450 y 500 ictus cada año.
"De cada siete pacientes a los que se les aplica este tratamiento uno mejora", subrayó el neurólogo, quien quiso dejar claro que estas cifras son bastante mejores que las que arroja la fibrinolisis cardíaca, pues en este caso, y al contrario de la creencia generalizada, mejora uno de cada 33 enfermos.
A los pacientes que por el tipo de ictus que padecen o por el tiempo transcurrido hasta llegar al hospital no se les puede hacer la fibrinolisis, se les somete al tratamiento convencional, que consiste en controlar la glucemia, la fiebre, evitar infecciones y tener al enfermo constantemente monitorizado. Montón aseguró que está demostrado que este seguimiento exhaustivo de los pacientes reduce también los índices de mortalidad y la gravedad de las secuelas que se pueden padecer como pérdida de la movilidad o de la capacidad de hablar.
Factores de riesgo
Aunque hay circunstancias como la edad, la historia clínica, la raza o el sexo que aumentan las posibilidades de padecer un ictus, la mayoría de los factores que lo propician se pueden controlar. Así, el jefe de Neurología de La Candelaria explicó que ser hipertenso, tener diabetes mellitus, arterioesclerosis, problemas cardíacos o enfermedades inflamatorias o consumir alcohol o tabaco, hacen a las personas más propensas a sufrir un accidente cerebrovascular. "Si se controlan estos factores de riesgo se podrían evitar el 50 por ciento de los ictus", subrayó.
En gente joven, estos accidentes cerebrovasculares están relacionados con la drogadicción, traumatismos o infecciones, concluyó el experto.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD