Siendo coherente con lo que he escrito cienes y cienes de veces sobre la llamada cuota femenina en las planchas electorales, las listas-cremallera que se llaman y demás vainas sobre la cuestión, he de recibir con satisfacción la noticia de que, en Garachico, el PP haya presentado una lista electoral en la que sólo se incluyen mujeres. Que, encima, la encabece Pilar Merino, que es de lo que mejor me cae dentro del partido de la gaviota volona, pues miel sobre hojuelas.
Digo y repito que esa lista de féminas al completo me parece muy bien, porque lo de las cuotas y porcentajes, por muy progresista que parezca, siempre lo consideré injusto. Y estúpido, si quieren que les diga. Lo que deben hacer los partidos, a todos los niveles, provinciales, insulares, locales... es nutrir sus planchas con las personas más preparadas e idóneas de que dispongan entre su militancia. Sean hombres o mujeres. Siempre insistí: si esas personas, las más adecuadas, son todas mujeres, pues, adelante. Pero, si son hombres, también. Lo que no tiene el menor sentido práctico ni político es sacrificar a alguien válido por razones de discriminación positiva, cuotas o porcentajes, para colocar, en su lugar, a un o a una totorota que, de salir elegido o elegida para el cargo que pretende, lo va a hacer fatal. Eso ni interesa al partido ni interesa a la democracia ni interesa al votante que será, finalmente, quien pague las consecuencias de tanta chuminada. Con perdón.
De modo que como todo esto es de pura lógica, don José Manuel Soria se había podido ahorrar las explicaciones que, si las dio, además, fue sólo para apuntarse el tanto. Se supone, en efecto, que todas las señoras y señoritas que acompañan a Pilar Merino en la aventura municipal y electorera garachiquense son "personas con méritos y capacidades propias". Vale, don Pepe Manué. Que todo el mundo acepta el asunto con naturalidad, como ya habrá visto.
No obstante, convendría preguntarse qué hubiese ocurrido -o qué puede ocurrir- si, para otro ayuntamiento cualquiera, se presenta una plancha electoral en la que todos sus componentes sean tíos. Me temo que si en alguna de aquellas fuerzas políticas donde esa posibilidad todavía es factible (porque en otros ya no lo es) se produjese semejante situación, la opinión pública, política y mediática saltaría al cuello de los responsables, tildándolos, como mínimo, de impresentables machistas. Sin embargo, los razonamientos para justificar que eso pudiera suceder son idénticos a los que se pueden esgrimir para aceptar como chachi lo decidido por el PP de Garachico. Pero, es que no tenemos remedio y hasta escribir un artículo de este jaez, apenas días después del Día Mundial de La Mujer, puede acarrearme disgustos. Aún así, oigan, sigo en mis trece: féminas al completo o un cupo de tíos único. Si son las mejores, si son los mejores, ¿por qué no?...
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