QUE LAS INSTITUCIONES tinerfeñas, el Cabildo y la preciosa joya de dos diamantes que conforman Santa Cruz y La Laguna, no sean asaltadas y gobernadas por Las Palmas. Sería demencial.
Ahora que todo el mundo parece haberse convertido al insularismo -ahí tenemos a José Manuel Soria y Manuel Lobo presumiendo de ser más insularistas que nadie-, a la defensa de la isla desde dentro, estrategia que haciendo caso omiso a opiniones contrarias ha sostenido EL DÍA , pero, eso sí, siempre teniendo en cuenta a las otras islas, conviene llamar la atención sobre el peligro que corre Tenerife si permanece impasible ante la codicia canariona.
Hay que reconocer que en la tercera isla son unos expertos en la defensa de lo suyo, incluso con uñas y dientes, pero eso no les da derecho a apropiarse de lo ajeno, tal y como han hecho, hacen y pretenden hacer con lo que le pertenece a Tenerife. Es más, deben devolver todo aquello arrebatado a esta isla. Empezando por la capitalidad de Canarias, pues la división provincial es un bluff que no se sostiene. Canarias es una comunidad, con una sola capital y ésa es Tenerife. Lo demás son artimañas de Las Palmas, también la puesta en marcha de su universidad, para tratar de destacar dentro y en el exterior sobre el resto y, fundamentalmente, sobre Tenerife.
Canarias, insistimos, es un archipiélago y, como tal, fragmentado, pero tan pequeño en superficie que es suficiente que quede abarcado por una comunidad con una sola capital. A Tenerife le corresponde tomar la delantera en este asunto y, de forma especial, a los partidos insularistas, pues los de ámbito estatal, con mando en Las Palmas, intentarán fijar la capitalidad única en Canaria, la tercera isla. Un absurdo y un esperpento. En manos de los tinerfeños, de sus votos, está parar a los canariones.
Gobierne quien gobierne, Canarias no son Drag Queen con grandes bandas de misses con el nombre de Gran Canaria. Eso es lo que nos ha dejado la marca única turística, imagen que conviene borrar sin más dilación. Al igual que a los rateros se les termina pillando antes o después, a los canariones ya los hemos cogido.
Como Canaria no puede ser más de lo que es, porque es pequeña, la tercera en el conjunto del Archipiélago, no tiene recursos naturales y la envidia corroe a sus políticos y a ciertos sectores, han decidido apoderarse de las instituciones tinerfeñas sea como sea -vía votos o poniendo en marcha a la justicia, que no tiene culpa de los actos de los desquiciados-, para que Tenerife no crezca. Sólo en manos de los electores tinerfeños está parar a los canariones. Tenerife debe votar por Tenerife . En caso contrario, puede llevarse la sorpresa de que un día se despierte siendo un satélite de Canaria y con la capital única de Canarias en Las Palmas.
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