DESDE HACE unas jornadas se viene hablando del cambio de filosofía que ha experimentado el Tenerife Rural, motivado por la presencia de jugadores con mayor potencial ofensivo. Con esa estructura, los tinerfeños han encadenado una racha de victorias que fundamentan el acierto de la apuesta. No hay que sembrar ninguna duda, sobre la conveniencia de esa estructura de equipo por la derrota sufrida, pero, como aun quedan jornadas por disputarse y por consiguiente mucho que poner en juego, bueno sería que este revés contribuyese a pulir determinadas lagunas, fundamentalmente establecidas en capacidad de concentración, para discernir las mejores opciones. Hay más donde elegir y las posibilidades de no escoger bien han aumentado.
Ayer, en el Santiago Martín, ganó el equipo que fue mejor. La dinámica del partido se estableció desde el principio. Inca argumentó mayor poder de intensidad, además de un meritorio factor sorpresa, desde su defensa zonal que se vio reforzada, en campo ofensivo por un extraordinario acierto en el lanzamiento exterior. Por el contrario el porcentaje de tiro de los nuestros no invitaba al optimismo. Aun así, el Tenerife dispuso de, al menos tres, oportunidades claras de voltear el marcador y se precipitó. Encontrar el equilibrio en el criterio, sin perder la intensidad y la agresividad ofensiva mostrada en las últimas jornadas, debe ser una tarea más para asignar en la carga de trabajo semanal del equipo.
Ayer el grupo tuvo ansiedad, pero fue una ansiedad diferente a la que había mostrado en jornadas anteriores. Sin censuras de actitudes negativas premeditadas, el equipo dio otra sensación. Aparentó una seguridad, reforzada por los triunfos ante rivales potencialmente más duros que el de ayer, que le traicionó. Y cuando quiso reaccionar no tuvo claridad para saber con quien, y lo hizo a discreción y se equivocó. Barbour volvió a hacer unos números envidiables pero no en los momentos claves. Y este equipo tiene ahora jugadores con obligación de asumir más responsabilidades que no sean sólo las de esperar por el acierto de su jugador franquicia.
Toda derrota debe dejar alguna lectura positiva. La de ayer no lo es menos. El Tenerife Rural dio la sensación de ser un rival muy peligroso con un caudal ofensivo incuestionable, capaz de hacer mucho daño en pocos minutos. Frente a Inca se quiso ganar antes de tiempo. Algunos tal vez lo habían hecho, inconscientemente, incluso antes de empezar el partido. El objetivo prioritario sigue muy cerca, que nada, ni nadie haga que se pierda la humildad que ha caracterizado a este grupo dentro y fuera de la cancha.
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