CASUCO lleva camino de engrosar la lista de entrenadores del Tenerife que no se atreven con Julio Hormiga. A diferencia de sus antecesores, éste se llenó la boca anunciando que el chico iba a tener un papel importante para el equipo en cuanto se recuperase. Total, nada, porque Hormiga sigue sin jugar.
Ayer, cuando el Tenerife estaba dando palos de ciego en la primera parte, parecía de consenso que Julio era quien podía arreglar el desaguisado. Había un vacío en la zona de enganche, que es la suya. Casuco puso a calentar a Ricardo, que juega más atrás; luego a Suso, que es otro tipo de futbolista y, finalmente, a Cristo. Y Hormiga pasó por el fondo de Anfiteatro casi por inercia. El entrenador no se atreve con él. Cabe suponer que sus razones tendrá.
Entre todos los argumentos que defienden la suplencia de Hormiga no hay uno solo que me convenza. Ni siquiera su fragilidad para aguantar la presión dentro del campo en algunas situaciones, como sucedió hace un par de temporadas, ni su juventud. Es imposible que Hormiga empeore el juego de este Tenerife. Al contrario, si alguien se atreve a darle 20 partidos seguidos, acabará con tanta duda y tanta sospecha. Si no, se perderá un jugadorazo.
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