VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
Ricardo le dio al Tenerife la pausa que le faltaba. No es poca cosa, porque cuando el chico empezó a parar la pelota y a buscar apoyos en corto, el resto del equipo tuvo tiempo de agruparse un poco más arriba y fue tomando el mando de un partido que antes había estado deshilvanado. Hasta que el canterano empezó a ponerle su ritmo al juego, el equipo de Casuco había sido un manojo de nervios y de errores. Así, despachó otra primera parte insufrible.
Sin pausa, sin un cerebro que se pare a tocar, el Tenerife es un equipo errático, porque pretende jugar en una constante transición defensa-ataque y su falta de calidad individual hace imposible que los delanteros reciban buenos pases desde distancias tan alejadas. El bloque defensivo salió ayer más intenso, para que no le sorprendieran como hizo el Alavés; esa tensión le permitió frenar al Numancia, aunque muy atrás, cerca de Bernardo. El problema de este Tenerife no es guardar la portería propia, sino buscar la contraria. Aunque los dos pivotes recuperan muy atrás, casi pegados a la línea de 4, todo el mundo tira pases de contraataque, servicios de hasta 40 metros que, lógicamente, casi siempre van a parar al contrario. Y si no hay posibilidad de jugar así de frontal, la segunda opción en correr con la pelota. Los pecados de excesiva conducción de balón los cometen igual los jugadores de ataque, como Ayoze, que los de defensa, como Marc Bertrán o Clavero. Total, que es casi imposible ver al Tenerife trenzar una jugada. Al menos eso fue lo que pasó en una primera mitad, que tuvo manejo visitante, pero sin sobresaltos. Si acaso alguna opción local en los últimos minutos, cuando Casuco tenía preparado a Ricardo en la banda para hacer el cambio, y reaccionó Juvenal con dos recuperaciones que provocaron sendas ocasiones de gol ante Juan Pablo, que, como Bernardo, había sido un espectador más en todo este periodo. El Numancia tiene más calidad cuanto más arriba haga llegar el balón, pero ayer pareció un equipo indolente, sin chispa ni cambio de ritmo. Tuvo mucho tiempo la pelota, pero no creó ocasiones claras. La que más, ya en la segunda parte, fue una tan aislada como peligrosa volea lejana de Bolo que pilló a Bernardo fuera del marco y terminó golpeando en el larguero...
El partido tomó un rumbo, el de la victoria local, por el peso de los cambios. Pronto, en la segunda mitad, entró Ricardo por Juvenal. El canterano notó la inactividad, pero poco a poco fue apareciendo e influyendo en el juego. Hizo lo que sabe. Pidió la pelota, la aguantó y la entregó siempre lo más en corto posible. Eso le da al equipo más control, le permite fases ofensivas más largas y hace posible que las líneas se vayan agrupando más arriba. Para abundar en esta mejoría, la entrada en el campo de Cristo, en lugar de Ángel, fue decisiva. Casuco tuvo la feliz idea de colocar al zoquero en la banda y pasar a Ayoze al centro. Ahí el portuense juega mejor, porque es más centrocampista que extremo. Con Ayoze escalonado por detrás de Frankowski, el Tenerife tenía referencias cercanas para mantener la posesión. Con este cambio de estilo el partido empezó a inclinarse del lado local, hasta que llegó el gol. Poco antes había entrado Suso por Iriome.
Frankowski salió de su posición -cada vez que lo hace desequilibra con su primer toque-, le dio un pase de oro a Suso que, muy fresco, ganó al lateral, se metió en el área y la puso al segundo palo, donde apareció Cristo para marcar. Fue perfecto. En los minutos siguientes, el Tenerife debió hacer mayor la diferencia, pero Cristo prefirió acabar una jugada ante Juan Pablo, en la que el polaco le estaba abriendo una línea de pase clara por el centro. Luego Suso tampoco estuvo muy generoso con Franek en otra ocasión franca.
Pero el Tenerife de los últimos 20 minutos ya es otra cosa. Nada del otro mundo, pero con un perfil más competitivo y el estilo que goza de mayor aceptación entre un público que acabó más contento el partido que aquella insoportable primera parte, de juego precipitado, impreciso e improductivo. Es verdad que Casuco siempre apuesta por el ataque con la decisión de alinear a dos delanteros, pero no tiene mucho sentido tener a Ángel si lo que le pide el partido es bajar a buscar balones para hacer las veces del pasador que tanta falta le hace a él y a Franek.
El Tenerife ganó merecidamente cuando se puso a jugar. Tres puntos y una clara moraleja.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD