EL DÍA 8 DE ESTE MES, se celebró el que antes se llamaba "Día Internacional de la Mujer Trabajadora" y ahora se denomina solamente "Día Internacional de la Mujer", porque se supone que todas las mujeres, como los hombres, son trabajadoras, aunque yo he conocido a determinados elementos/as que no han disparado chícharo en su vida. Y si no es así, no es porque ellos/as no lo deseen. Y luego está la escala de vagos, unos más y otros menos. Pero lo que es existir, existen hasta en las mejores familias. Sobre todo, en este estamento social donde no es preciso trabajar para poder comer. Un día antes, aunque haya sido una coincidencia, la Cámara Alta aprobaba el proyecto de Ley de Igualdad, a cuyo presupuesto de 400 millones de euros añadían sus señorías los senadores 90 milloncejos, de los 12,5 se destinan a la ampliación de los permisos de maternidad en casos de recién nacidos prematuros/as. Este acontecimiento ha sido como un regalo inesperado para las féminas en edad de preñar, de quienes -dicen los malpensados- que se han apresurado a acudir a los médicos ginecólogos para preguntarles qué tienen que hacer para parir niños/as prematuros/as, a fin de aprovechar la bicoca, y los padres, ponerse de zorroclocos. Como es preceptivo, el texto pasa otra vez al Congreso, pero no se espera que haya ningún diputado con la suficiente mala uva para jeringar el pasodoble a los futuros zorroclocos, aunque ya éstos salen beneficiados porque la duración de los permisos a los padres pasa de 15 días a un mes, tiempo que da para un par de juerguitas más del progenitor con los amigos, y puede que con las amigas, porque la esposa, naturalmente, se queda con el pibe y no se entera.
Entre las disposiciones de la Ley de Igualdad figura la paridad de las listas electorales, que obliga a las empresas a negociar con los agentes sociales planes de igualdad y prevé que, en un plazo de ocho años, los Consejos de Administración de las empresas tengan, al menos, un cuarenta por ciento de mujeres. Sin embargo, no se dice qué pasa cuando no hay mujeres para cubrir ese porcentaje en la empresa. En el texto de la ley, que un servidor no ha leído, aparece una serie de estadísticas donde consta cuántas mujeres trabajan con sueldo y cómo han ido variando las cifras en positivo, pero se agrega que no son iguales los porcentajes en todas las regiones del mundo, pero cómo en esos retrocesos en la cifra de trabajadoras digamos corrientes demuestra que las mujeres estudian más. Y eso, en definitiva, es mejor, porque cuando lleguen a la edad de currar, se emplean en altos puestos donde el sueldo es mayor y ellas pueden presumir más. Pero, nosotros los masculinos, que no los "más culones", esperamos que a esta ley de igualdad de las mujeres con los hombres siga otra de la igualdad de los hombres con las mujeres. Es lo justo.
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