TARDE -PORQUE al siempre complicado edificio central de Correos de la capitalidad, las cosas, los paquetes llegan tarde y en muchas ocasiones con los envases rotos por donde se ha escapado lo más puro de su contenido, y se ha fugado la mejor parte de sus ideas-, me acabo de enterar, de regreso de un país que ama la cultura, pero que no tiene presupuesto para mantener debidamente el nivel que precisan sus estudiantes -me refiero al Buenos Aires querido- de que la Universidad de La Laguna tiene un pequeño, absurdo e incongruente dilema sobre si José Rodríguez , el continuador de la línea editorial de Leoncio Rodríguez , un hombre, un periodista, un literato, al que, según basé mi textual de final de carrera en un lejano día, sólo le faltó el homenaje del Ateneo de Madrid para haber presidido un acto junto con Unamuno, Valle-Inclán, Pío Baroja, García Lorca, Azorín, Machado y Ganivet, sus contemporáneos de la brillante generación del 98, el haber tenido sus rotativas en Madrid; porque, si esto hubiera ocurrido, también merecería un homenaje en la capitalidad y su nombre a la Facultad de Ciencias de la Información.
Pero Leoncio Rodríguez amaba tanto su querida tierra tinerfeña que no hubiera nunca cambiado la posibilidad de acariciar los lomos fundidos con el bronce de los cañones de la Guerra de África que decoran el acceso a las Cortes por su verde paisaje, con mil especies diferentes de esos árboles que tanto placer le daban, y de los que escribió un maravilloso libro.
Pero volvamos a José Rodríguez . ¿Se merece ser galardonado con el premio Canarias de la Comunicación? La pregunta me remonta al viejo circo de Price de Madrid, por cuya pista pasaron los grandes maestros del humor, y me llevo a este contexto porque la pregunta sólo tiene parangón con la que hizo Charlie Rivel al preguntar al respetable "¿sabrán reír en el circo los niños negritos de la selva?"; o la de ese maestro inigualable de la sátira política que fue Ramper y le espetó a su partener: "Nunca preguntes si llueve, sólo tienes que asomarte y mirar si la gente va por la calle con paraguas".
Esto me lleva a razonar que si alguien, hoy día, merece el Premio Canarias de la Comunicación en el mundo de las letras de todo el Archipiélago tiene una respuesta aún más simple, llana y lógica, que la de los dos maestros del humor: sí. Un sí grande, con eco en el Teide, para que devuelva el sonido en forma de bofetada a los ignorantes que aún no se han dado cuenta de que EL DÍA es la auténtica y gloriosa Residencia de Estudiantes de Canrias.
¡Ojalá!, querido y admirado director, tuviera yo la suerte y la edad para, como cada uno de esos jóvenes universitarios laguneros que acuden a clase, con desgana, y no aprendieron frases del periodismo del ayer tan brillantes como las de "el pan como hermanos y las noticias como los gitanos", o la de "nunca permitas que una falsa información consiga que salgas a cinco columnas en primera", me diera la opción de poder rellenar el consiguiente formulario, en recepción, para solicitar un puesto de becario, y de esa forma aprender auténtico periodismo: el periodismo de EL DÍA .
* Escritor, periodista y editor
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