NO ES FRECUENTE ver una concentración de diputados ante la fachada principal del Congreso, a un lado de la escalinata que vigilan los leones de bronce. Todos los grupos parlamentarios deseaban expresar ayer su rechazo a la guerra de Irak con la excepción del PP, que la apoyó desde el principio, aunque ahora algunos "populares" o asimilados se apresuren a descolgarse o a recordar que en su momento ya se habían descolgado de la disciplina del partido. Todos se debería a que, ante la inminencia de elecciones, hay quien desearía presentar un certificado de pureza de sangre, como si el haber querido salir del rincón de la Historia saltando por encima del Derecho de Gentes fuera una impureza en el azul de las venas políticas.
Para enumerar los errores de la invasión de Irak, y el alcance de sus consecuencias, no era necesaria la acongojante conmemoración de su cuarto aniversario, pero ese tiempo transcurrido desde que el tándem Bush y Blair se puso en marcha, con el decidido apoyo de nuestro conciudadano Aznar y otros líderes europeos de mediano calibre, para liquidar el régimen perverso de Sadam Hussein ofrecen una perspectiva suficientemente despejada para que un alto porcentaje de la ciudadanía estadounidense, británica y, por supuesto, española lamente que algunos estadistas o pseudoestadistas puedan conducirse al margen y en contra del Derecho Internacional.
Pero esos máximos responsables de esta conflagración de mortandad duradera sólo viven en el presente, y estando Bush en Washington y Blair en Londres como Aznar en Australia consideran que la terapia del presente iraquí es más importante que el llanto por las mentiras que alimentaron el desencadenamiento de la guerra, o de la tragedia para ser más precisos.
Insistía ayer el diputado "popular" Ignacio Astarloa en que, después de cuatro años, no tiene sentido controlar a la oposición, ya que es apremiante controlar al Gobierno sobre los problemas de Afganistán y el Líbano, por lo que el Congreso debe obligar a que el Ministerio de Defensa informe mensualmente a la cámara de la situación de nuestros soldados en esos dos focos de alta tensión bélica.
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