ALGUNOS OBSERVADORES habían sugerido que la apelación de Taha Yassin Ramadan, que evitó la horca en primera instancia, permitiría condenar a cadena perpetua al ex vicepresidente iraquí y enviar así un mensaje a la comunidad sunní en el marco de la política de reconciliación nacional. Pero no fue así: ayer, de madrugada y coincidiendo con el cuarto aniversario de la invasión norteamericana, fue ejecutado. Antes lo habían sido Saddam Hussein (el 30 de diciembre), el presidente del tribunal revolucionario, Auad al-Bandar, y el hermanastro de Saddam y ex jefe de los servicios secretos, Barzan al-Tikriti (15 de enero).
Los cuatro fueron encontrados culpables de la muerte de opositores chiíes relacionados con un atentado contra Saddam en Dujail. La ejecución del cuarteto hace en cierto modo superfluos otros procedimientos en curso, aunque hay algunos antiguos dirigentes vinculados a otros actos de represión y la comunidad kurda, además, desea que se vea el abierto por el empleo de armas químicas contra aldeas del norte en el marco de la "operación Anfal".
Ayer no estaba claro si la ejecución estaba prevista para el día 20 de marzo o si, confirmada la pena capital, se dejaba al arbitrio del gobierno escoger día y hora. Y si fue así, lo que no es imposible, se trata de otro gesto que da una pista segura sobre la conducta del gobierno al-Maliki: una cosa es el intento de diálogo con los sunníes, tan solicitada por el socio norteamericano y juzgada indispensable en términos políticos, y otra perdonar a los viejos enemigos.
No se puede ni concebir siquiera qué medidas de represalias tomaría eventualmente un régimen sunní, inimaginable a día de hoy, y es el momento de decir que ni todos los sunníes deben sentirse concernidos por el proceso y la ejecución, que dispone de un consenso social apreciable, ni que todos los chiíes la aprueban. Pero es objetivamente cierto que el gobierno, tras sopesarlo, prefirió la firmeza al mensaje balsámico que habría supuesto salvar la vida de Taha.
Así de difíciles están las cosas: no hay margen para el perdón ni siquiera para la rentabilización de la política de conmutaciones de penas, indultos o eventuales amnistías utilizada a fondo por el presidente Buteflika en Argelia. En 1987, el presidente Burguiba fue depuesto en Túnez porque, equivocándose mucho, insistía en no conmutar la pena de muerte impuesta al líder islamista Rachid al-Ganuchi Otros tiempos y, sobre todo, otros contextos.
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