MARÍA DEL PINO CUENDE TASCÓN nos dejó semanas pasadas. La conocí cuando tenía unos ocho años, allá por los años setenta; y en esa época comenzábamos una ardua labor en favor de los discapacitados psíquicos. Tenían necesidad de salir a la calle como las demás personas, y que no fuesen mirados y observados como bichos raros, tanto ellos como sus padres; y además precisaban de un buen centro donde educarlos, ofrecerles una instrucción y preparación para poder defenderse dentro de sus distintas discapacidades. Para ello se creó Aspronte, el centro educacional Nuestra Señora del Carmen en la Avenida La Salle.
Un grupo de hombres y mujeres con una tenacidad indomable se pusieron a la obra, y con su trabajo lograron que la sociedad aceptase un problema que en aquellos momentos estaba totalmente olvidado por las autoridades, los organismos públicos y los medios de comunicación. Este esfuerzo se cristalizó y su padre, Ramiro Cuende, como presidente, y su esposa Delia, junto con el grupo de amigos y padres afectados, fueron los artífices de lo que hoy es Aspronte, el Centro Hermano Pedro, el centro de Los Realejos y muchas otras iniciativas. Otros grupos siguieron a éstos, y hoy en día los chicos y chicas discapacitados psíquicos pueden hacer vida normal, y la sociedad ya no ve con indiferencia sus problemas, sino que los acepta y además pone de su parte para remediar una situación que en otra época era sinceramente grave. Podría enumerar a todos los componentes directivos de aquella época, o a los presidentes posteriores que llevaron la antorcha con enorme dignidad y provecho, pero quiero dedicar estas líneas a Pinito.
De niña era un amor, simpática y cariñosa. Se hizo mujer con una alegría inmensa y fue una persona feliz hasta sus últimos momentos. Cuando la veía me transmitía un cariño tan fraternal que no podía sustraerme. Vivió ofreciéndoles a sus padres y a todos los que la rodeaban una entereza sin límites, con una risa contagiosa que hacía creer que no existía el menor problema. Sus padres le ofrecieron todo el amor que llevan dentro, y ella correspondió con creces. Nos ha dejado pronto, pero su huella perdurará.
Y ahora ¿qué? Cuando ofrecí a su padre el pésame con el dolor del alma me dijo: ¡afortunadamente se ha ido antes que nosotros! Tiene toda la razón, y eso no hace sino hacerme pensar que aún queda mucho más por hacer. ¿Qué pasará con los chicos huérfanos? Los padres no pueden cargar a sus hermanos u otros familiares con la custodia de estos chicos, se necesita una casa de acogida. Vamos cumpliendo años y nos damos cuenta de que, aun luchando codo con codo, desde el principio nunca tuvimos una buena solución de futuro. Quizás esa gran casa de La Salle pueda convertirse en la Casa de Acogida que se necesita tan urgentemente. Aspronte y los padres afectados tienen la palabra.
Recordaremos a Pinito como una criatura inmensamente feliz. Para sus padres, hermanos y familiares, mis condolencias; y desde nuestro hogar, donde también estamos tristes, queremos enviarles mucho afecto.
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