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Huevos, Pascua y chocolate

2/abr/07 01:42
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EL SOL DE PRIMAVERA despertaba los días de Pascua en el valle. Los montes inflados de verdor y las flores, tarareaba a la vida palabras de luz, prosperidad y fertilidad. La gente hablaba de muerte, vida y resurrección. Nosotros niños, monaguillos vestidos de blanco, llevábamos las cestas con los regalos que los montañeses donaban al señor párroco por la tradicional bendición de casas y patios: huevos, manzanas pequeñas de tres colores para el mosto, queso viejo, embutidos curados desde noviembre, algún dinero, pan del horno de leña, vino... En el pórtico de la Iglesia, bajo el primer sol del año, el cura, con una sonrisa y buenas palabras, nos regalaba alguna moneda y unos huevos de gallina verdaderos para agradecer la ayuda. En casa, mamá los guisaba y nosotros, más tarde, los pintábamos al gusto. Era el regalo de los niños a los adultos como recuerdo de la Pascua y la primavera: una cesta de mimbre llena de huevos de colorines, amor y fantasía. Dante, el de la "Divina Comedia", decía que el mejor bocado es el huevo: el huevo duro con sal, y tenía, sin duda, razón. Aunque en algún recetario se encuentren los huevos duros como plato canario, lo de los huevos es algo universal que no podemos minimizar a ninguna región. Son símbolo de fertilidad pagana en toda latitud y con lo de la nueva vida, la resurrección y la temporada cálida y colorida encajan perfectamente. La industria (en Canarias mucho menos que en otras regiones de Europa) nos bombardea en estas semanas con los huevos de chocolate. Así que el símbolo de la fertilidad se transforma en un producto de masas que olvida sus orígenes precristianos para cubrirse de las ganancias homogeneizadas de los mercados del mundo. Pasado el equinoccio de primavera, brindamos a la nueva vida desde siempre: desde mucho antes de bendecir los huevos que premiaban a los monaguillos. Después de la cuaresma, el huevo y el cordero son los símbolos emblemáticos de un sentimiento, a veces de una fe: son una pareja de iconos clave en nuestra cultura. Tradición religiosa respetada o no, hasta el más pecador confía en un buen cordero y en los huevos estrellados. El huevo y el cordero aparecen así, en estos días, en las mesas de todo el mundo occidental. Volviendo al chocolate, fue con Luis XIV que se producen y consumen los primeros huevos de chocolate: ¿qué lujo no? No sé cuánto la aristocracia francesa del 1600 se interesaba por la Resurrección, pero sí entiendo su gran interés por el chocolate, las fiestas y otras cosas. Esto me recuerda algo... pero ya no hay papel. Felices Pascuas. www.restaurantemahakala.com

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