Lo natural, y tal vez hasta lo sensato, sería sumarse, a través de cualquier canal de comunicación, a la profunda decepción que sienten ahora aquellos aficionados tinerfeños al baloncesto, muchos o pocos, que advierten como la Isla corre el peligro de ver como su primer equipo, el llamado representativo, vive los momentos deportivos más críticos desde su creación y puede pagar la penitencia, en esta semana santa, de estar abocado a perder la segunda categoría del baloncesto nacional.
Cuando menos es algo que no entraba en los parámetros de los más pesimistas. Se supone que debemos presumir de ser un referente en el baloncesto nacional, que nuestras estructuras y nuestros números de licencias presumen por ser de las más importantes del basket español. No obstante, ahora todo ese discurso parece más demagogia que realidad. Lo cierto es que el Club de Baloncesto que hemos convertido en Sociedad Anónima para que represente todo lo anterior, pasa por momentos de verdadera angustia deportiva y seguramente motivado por una mala gestión, por una mala planificación o por un cúmulo de circunstancias negativas y desacertadas que cualquiera puede enumerar sin riesgo a equivocarse. Insisto que casi estoy convencido de arrancar un discurso en esa dirección.
Algo me obliga a lo contrario. Algo que prefiero no definir por miedo a ser muy cursi. Necesito manejar la hipótesis que esto es un sueño del que pronto voy a despertar. Y en la medida que pueda convencerles, tengo que intentar que sueñen conmigo. El pasado viernes, el equipo no mostró capacidad para aprovechar la oportunidad de certificar la permanencia en tierras burgalesas, y ahora su futuro puede tener día y fecha de caducidad. Los dos encuentros que el Tenerife debe disputar en casa, marcarán si la entidad puede rectificar criterios de actuación la próxima temporada, o si por el contrario, al margen de ese angustioso "play-out" de permanencia, el futuro del Club tiene sus horas contadas.
Debemos soñar que el miércoles nuestro equipo va a ganar y que quince días más tarde lo volverá hacer frente a los valencianos del Gandía certificando la permanencia en una temporada con muchos contenidos para analizar, e incluso para censurar.
Asistamos al sueño. Aunque sólo sea por egoísmo, no nos rindamos antes de tiempo. Esa racha de victorias que nos ilusionaron, tienen que ser nuestra principal carga de optimismo para pensar que se puede ganar aunque sea con un juego con muchas dudas de practicidad. El que crea que esta entidad tiene sentido, debe estar el miércoles en el Santiago Martín. Es el partido más importante en la historia del club.
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