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LA CRÓNICA

Atrapado en el tiempo

El Tenerife repite los errores de los últimos seis meses y ve cómo el Ciudad de Murcia le remonta en dos acciones a balón parado. Raúl había adelantado a los suyos en el tramo final de la primera parte, tras una asistencia de Óscar.
2/abr/07 01:41
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JUAN JOSÉ RAMOS, Murcia

El actor Bill Murray, en la película "El día de la marmota", vive el mismo día una y otra vez. Y así sucede hasta que encuentra el camino correcto, las decisiones apropiadas para seguir adelante. Hasta entonces, sus errores lo condenan a que el calendario no pase, a revivir las mismas 24 horas. Atrapado en el tiempo. En diversos momentos pierde la esperanza, no encuentra una salida ni una solución. Así está el Tenerife ahora, después de perder de nuevo, ayer, ante el Ciudad de Murcia, con idéntica fórmula a la de todos los encuentros disputados desde el 7 de octubre.

Y es que ver al Tenerife jugar fuera de casa aburre. Porque es incapaz de obtener un buen resultado, incluso cuando el rival se empecina en que lo consiga. Ayer se encontró con un regalo que le permitió ponerse por delante, pero luego volvió a fallar en las acciones que lo "atrapan en el tiempo" cada 15 días. Dos jugadas a balón parado acabaron con sus esperanzas y permitieron la remontada del Ciudad de Murcia.

Tras un primer cuarto de hora desordenado, alocado y con muchas imprecisiones, el partido se tranquilizó. Parecía un milagro que hubiera llegado con 0-0 hasta entonces. Sólo la falta de acierto lo explica. La de Raúl, que disparó demasiado cruzado, tras un pase atrás de Iriome (3'). Luego le tocó a Bernardo abortar una falta bien lanzada por Luque (4') y un mano a mano con Goitom (15').

A partir de ahí, un tostón. Es decir, un partido clásico de Segunda División A. Sin ocasiones, con mucho centrocampismo, con muchos errores en las entregas. Con dos equipos carentes de profundidad y a expensas de un error del rival. Éste llegó a cuatro minutos del descanso. Un mal despeje de la zaga local le puso a Óscar Pérez el balón en los pies para que cediera a Raúl que, a puerta vacía, adelantaba al Tenerife.

José Luis Oltra se desesperaba en el banquillo. Y no le faltaba razón, porque el choque había sido tan malo que ninguno merecía ir ganando. Pero, por una vez, los blanquiazules se ponían por delante aprovechando un fallo del adversario. Parecía que el guión se daba la vuelta. Sólo que quedaban 45 minutos para demostrar que no.

Salió más decidido el Ciudad de Murcia en la segunda mitad y, sin brillantez, fue encerrando al cuadro de Casuco en su área. Tampoco ayudó mucho la disposición visitante. Sobró ese pasito atrás que le dio el campo y el balón al bando pimentonero.

Advirtieron los de casa en varias acciones a balón parado (51', 52' y 60'), salvadas "in extremis" por Culebras y Bernardo.

Parecía que el fuelle se le acababa a los rojinegros, pero su técnico introdujo cambios para mantener la iniciativa. Rafita y Xavi Jiménez dieron aire a su ataque. Mientras, el banquillo del conjunto insular se mantenía inmóvil. Ni siquiera la dinámica, que no era buena para sus intereses, hizo a Casuco mover ficha.

Aun así, el Tenerife tuvo la suya para sentenciar el encuentro tres minutos antes del empate, pero Cristian despejó a córner el remate de Cristo dentro del área (73'). Luego, el eclipse habitual. Una falta pegada a la línea de la banda izquierda del ataque murciano. Luque la saca y, tras un barullo en el área, Cristian Díaz remata de cabeza a la red sin que Bernardo pueda hacer nada (76'). No dio tiempo ni de lamentarse porque una falta -que no fue- sobre Xavi Jiménez, la convirtió en el 2-1 el especialista Luque, que la puso en la escuadra derecha (78') de modo inapelable.

Entonces sí llegaron los cambios, pero era algo tarde. Primero, porque el mazazo de encajar dos goles en dos minutos fue demasiado duro. Y luego porque Casuco quitó a los hombres de banda (Iriome y Ayoze) y juntó hasta cinco mediocentros en el campo (Martínez, Óscar, Ricardo, Sergio Torres y Hormiga), aunque dos de ellos fueran ofensivos. El atasco fue mayúsculo, pero el Ciudad que se había encontrado con un premio excesivo para sus méritos, dio alguna facilidad como queriendo devolver los favores rivales. Así, José Juan sacó un disparo algo forzado de Cristo (87').Y más tarde, un balón suelto en el área, permitió a Hormiga asistir a Bertrán, cuyo inocente disparo se fue alto (91'). Luego, nada más. Final del partido entre pérdidas de tiempo rojinegras y la cara de tonto habitual en jugadores, técnicos y aficionados del Tenerife como casi siempre que juega lejos del Heliodoro.

 

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