Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

Meditación y recogimiento

4/abr/07 02:00
Compartir
Edición impresa .

CON ESTE MENSAJE de nuestro estimado amigo, don Alfonso Morales y Morales, y asiduo cooperador de este diario, nos invita a celebrar la Semana Santa en el pregón de la misma, pronunciado hace unos días en la iglesia matriz de La Concepción. Al felicitar a este gran pregonero, hago mía esta invitación con esta reflexión sobre la Cruz para los lectores de este espacio semanal.

La Cruz, sin Cristo, es aborrecible y desesperante; por Cristo, es aceptable, pero temible; con Cristo, es dolorosa pero amable y hasta gloriosa. Pero, entonces ¿es aceptable o rechazable la Cruz? Para encontrar la verdadera respuesta meditemos en ella con todo recogimiento en los puntos siguientes:

* La estrategia publicitaria en lo comercial y en lo político generalmente coinciden en ofrecer, respectivamente, el oro y el moro a su clientela y a sus seguidores ideológicos -aunque al final sea oropel-, y, al mismo tiempo, en ocultar el flanco negativo de sus objetivos y programas de acción política. Jesús no obra así. Dice que el mensaje del Reino de Dios es una buena noticia; pero anuncia también el precio que hay que pagar por ella. El pasaje es un ejemplo de la franqueza de Jesús al presentar la cara y la cruz del cristianismo.

* Comenzando por la cruz, Jesús proclama abiertamente su destino personal que desemboca en la pasión y muerte: "Empezó a explicar a sus discípulos que tenía que padecer mucho y ser ejecutado". Jesús no oculta las aristas de su rechazo popular y oficial. Habla repetidas veces de la suerte que le espera. Pero no por masoquismo, sino como fruto de su fidelidad a la misión confiada por el Padre: "Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir".

* La tentación ante un jefe con destino humano de fracaso es el rechazo. San Pablo decía que "Cristo crucificado es la necedad para los judíos paganos". También Pedro, en la encrucijada de hoy, reacciona oponiéndose a la imagen de Jesús, paciente y condenado: "¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte". Cuántas veces exaltamos la cruz y la llevamos como sensible muestra de devoción o de puro adorno externo, pero, ¿aceptamos a Jesús en su equivalente actual de ejecutado en la silla eléctrica?

* Frente a quienes rechazan a un Cristo ajusticiado, Jesús reacciona como ante Pedro: "Tú piensas como los hombres, no como Dios". No es que a Dios le guste el dolor de su Hijo querido; pero se complace en la fidelidad de Jesús a su misión salvadora y liberadora de amor y justicia. La cual entraña su pasión y muerte, como respuesta a los hombres egoístas e injustos. ¿Qué sería de nosotros, si Jesús hubiera cedido al consejo de Pedro, rechazando la cruz? Jesús aceptó la misión del Padre hasta la última consecuencia de morir crucificado. Pero la profecía del profeta sobre su destino tiene un final feliz: "Tenía que resucitar". La postrer palabra de la biografía de Cristo no es un "fracaso", sino "victoria": "Yo he vencido al mundo".

* Y los cristianos, ¿en qué situación nos quedamos? Jesús dice a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga". Los cristianos no somos unos masoquistas que buscamos el dolor por el dolor, ni unos negativistas de nuestras realizaciones. Los cristianos cargamos con la cruz de nuestros deberes, negando nuestros egoísmos e imitando a nuestro jefe, Cristo "el cual no tuvo como botín aferrarse a su condición divina, sino que se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, hasta morir en la cruz". Es verdad que esta teología de la cruz choca con la filosofía del bienestar que priva actualmente del menor esfuerzo, de la comodidad, del placer, del egocentrismo, del poder, del dinero. Basta leer las entrevistas a los famosos para ver la tabla de valores que prevalece en sus respuestas.

* La abnegación cristiana no consiste en cruzarse de brazos ante el dolor propio y ajeno. Los cristianos debemos luchar contra el mal de todas las formas. En primer lugar, no produciéndolo voluntariamente; después, eliminándolo en los demás y siempre en sí mismo, siempre que sea moralmente posible. La cruz que los cristianos debemos llevar, sin sacudírsela de los hombros, es la del cumplimiento de nuestras obligaciones, hasta las últimas consecuencias y aceptar lo irremediable.

Sentirnos que somos cristianos sólo puede comprenderse desde el amor. Por eso la cruz y la muerte sólo se pueden aceptar, y hasta abrazar, como expresión suprema de amor. Aceptemos la cara y la cruz del Cristo Completo: crucificado por amor y resucitado para siempre. Aceptemos la cara y la cruz de perder la vida y ganar la eternidad.

* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: