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Impiedad

4/abr/07 02:00
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A ESTAS ALTURAS tal vez haya que rebautizar el caso de Piedad, la niña entregada en adopción previa -o temporal, o preadopción; por inventar términos que no sea- a una familia orotavense, como un caso de infragante impiedad: la que se lleva perpetrando desde hace muchos meses con la madre auténtica -madre no hay más que una- de esta menor, sin que nadie en ningún medio de comunicación haya tenido un mínimo de caridad humana para defender a una mujer desheredada por la vida, a la que también quieren privarla de lo único que le queda: el fruto de sus entrañas. Sólo lo ha hecho un abogado joven, asignado al caso por el turno de oficio, que al margen de ser un buen profesional en ciernes se ha visto abrumado por el enorme despliegue mediático en torno a este asunto. Por eso me he alegrado al enterarme de que María Dolores Palliser ha decidido asumir la defensa de Ángeles Suárez, la madre de una niña a la que hipócritamente se le ha puesto el nombre ficticio de Piedad. ¿Piedad con quién?

A lo largo de varios meses he seguido en silencio prudente el desarrollo de este drama. Hace unas semanas comenté, eso sí, lo alarmante que resulta el reiterado incumplimiento de una sentencia judicial, según la cual la niña ya debería estar con la madre que la trajo a este mundo. No ha sido así. Hecha la ley, hecha la trampa; de eso nos jactamos a diario. Subterfugios legales para eludir la acción de la Justicia hay muchos. Tantos como uno pueda costearse con la contratación de buenos abogados. En Estados Unidos eso puede significar la diferencia entre la inyección letal al final del corredor de la muerte, o la absolución. En España no llegamos a extremos tan drásticos, únicamente porque gracias a Dios nuestro sistema excluye la pena capital como castigo máximo. Lo de retener a un hijo propio o verse privado de él por una decisión administrativa y no judicial -conviene precisarlo, porque ahí radica la gravedad del asunto- es harina de otro saco. Esa sí la podemos digerir.

Afirma Palliser que probablemente "Piedad" no tendrá las mismas oportunidades, ni gozará del mismo bienestar, con su madre biológica que con su familia de acogida, "pero esa no es razón para que la niña esté apartada de quien la parió y quien puede atenderla perfectamente", añade esta letrada y ex consejera del Gobierno regional. "El bienestar de un niño va mucho más allá de la situación económica y social de sus padres". Desde luego que sí.

Con ese planteamiento hedonista de primar lo material frente a lo moral, Estados Unidos no hubiese devuelto a Elián, el famoso "niño balsero" cuya madre murió en la travesía desde el paraíso castrista al infierno norteamericano. Al final, simplemente se aplicaron las leyes y el niño regresó a La Habana con su padre. Sobra decir que las condiciones de vida no son las mismas en la Little Havana de Miami que en Regla, La Víbora o 10 de octubre, por citar tres barrios habaneros que he padecido en primera persona. Aunque no sólo esto: llevado el esquema del bienestar hasta sus últimas consecuencias, no tardaríamos en admitir como normal que los niños de los barrios menesterosos sean arrancados de sus familias para que vivan mejor con padres adoptivos en distritos elegantes. Al final, como subraya Loly Palliser, "los pobres parirán para otros". Y no.

rpeyt@yahoo.es

 

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