LA NOTICIA de que Fernando Savater estaba en el punto de mira de ETA, divulgada tras la desarticulación del "comando Urederra" -o "comando Donosti"-, resume de forma paradigmática el sentido más repugnante de la actividad terrorista y, por extensión, el carácter puramente fascista de la organización que arropa a ETA desde parajes aparentemente políticos.
Savater no era el único "vigilado" por los sayones; junto a él había otros políticos de distinto signo -no sólo del PP como maliciosamente ha publicado algún medio-, policías, testigos protegidos y "ertzainas". Sin embargo, es patente que Savater representa, por sus ideas y por su conducta, lo que más repele a los fanáticos ultranacionalistas: un espíritu libre, racional, brillante, irónico y valiente, dispuesto a mantener su discurso insobornable en cualquier parte y hasta las últimas consecuencias.
Savater no es un profesional de la política. Es, ante todo, un hombre de cultura, un filósofo "engagé", comprometido. Un intelectual de una pieza, consciente de que la inteligencia no puede derrocharse en actividades puramente especulativas sino que debe descender a la plazuela pública, como quería Ortega, a hacer proselitismo de la verdad y de la ética. Y su discurso, últimamente, se ha encaminado a denunciar un aspecto muy sensible de la realidad vasca, que es además el que más daño hace a los arraigados tópicos del nacionalismo en boga.
En efecto, Savater ya no sólo critica y combate la obviedad del terror: lucha, en ocasiones provocativamente, contra ese clima pastoso de condescendencia que los terroristas y sus amigos encuentran en algunas circulaciones sociales, contra el rechazo simétrico que reciben los amenazados por la horda en estos mismos ambientes vascos; contra ese síndrome de Estocolmo que padecen sectores resignados a no pensar o a someterse al dictado del pensamiento único...
Ernest Jünger decía que un escritor puede permitir que le escupan en la cara, pero no debe tolerar que le palmeen en la espalda con familiaridad cómplice. Y Savater, que también es escritor, rechaza la falsa tolerancia y el abrazo corrupto de quienes cultivan el jardín de las medias verdades para pasar inadvertidos, para sobrevivir a costa del silencio...
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