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Heroínas basura

4/abr/07 18:53
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COMO CADA CUAL, recibo diariamente un montón de correos-basura en mi ordenador. Es una lata. Pero, a la hora de la verdad, hasta en esa tabarra cotidiana he descubierto que funciona el viejo dicho de "no hay mal que por bien no venga". Verán: uno de los momentos más complicados y desagradables al que nos enfrentamos los escritores de cuentos, de relatos, de piezas teatrales o de novelas, es el de dar con el nombre idóneo de los personajes. No es una tarea sencilla y, muchas veces, una pieza literaria no alcanza la perfección precisamente porque sus protagonistas no se llaman de una manera adecuada.

Hace poco empecé a fijarme en los presuntos remitentes de los correos-basura que recibía. Fue una agradable sorpresa comprobar que la mayoría de ellos presumen de unos patronímicos y de unos apellidos de lo más literarios y aprovechables. Desde entonces, los voy coleccionando para utilizarlos cuando tenga alguna historia ficticia que contar. Seguro que, entre los seleccionados, encontraré alguno adecuado, sea cual sea el argumento de la narración. En especial, las firmantes de los correos-basura responden a unos nombres verdaderamente inspirados y sugerentes. Son algo así como heroínas-basura cuyas firmas estimulan la imaginación del escritor y abren sus propios escenarios a la fantasía. Les pongo unos cuantos ejemplos -pocos- extraídos, lo puedo jurar, de mi bandeja de entrada de correos-basura de ayer mismo, sin ir más lejos:

Tara Navarro. ¿Quién no piensa en una descendiente de algunos de los niños de la guerra, de aquellos españolitos que se criaron en la antigua URSS?... Tara, por rusa, y Navarro, por hispánica, se dedica ahora a fomentar el intercambio de viagra entre los europeos comunitarios y los del Este emergente pero todavía misterioso y exótico.

Jazmín Alina. La aparición de un oasis de aire fresco, de perfume de palmeras y de dulce sabor de dátiles en el árido desierto de mis direcciones electrónicas frías e impersonales, Jazmín, nombre de flor, ojos de flor oscura, vende réplicas de rólex y cartier en la red, pero en el ámbar de su piel no hay lugar para adornos ni pulseras que no sean de oro auténtico y de esmeraldas se lo juro por mi madre.

Obdulia Pok. ¡Ah, Obdulia! ¡Bien, bien elegido el breve y onomatopéyico apellido! A Obdulia la imagino en el dulce apogeo de una obesidad no mórbida, pero sí morbosa, cálida, cerrando negocios de mucha enjundia entre diálogos lacónicos, cínicos y de un clasicismo literario muy de novela negra. Con una pequeña pistola de cachas de nácar metida en el liguero, presta a disparar al ritmo del pestañeo falsamente cándido de su propietaria.

Y hay más: Jane Cameron, Carmen Costello, Malachi Carter, Kenya Valle? Un tesoro, en fin, de personajes en la basura. En el correo-basura. Un filón. Un magnífico y gratuito filón.

josechela@mojopi.com

 

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