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Más camas, menos vientos

4/abr/07 18:53
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SE CUMPLIRÁ en el mes de julio, el sexto aniversario de uno de los más entrañables episodios ocurridos en nuestro bienamado Parlamento canario. Entonces (era miércoles también), unos formidables actores representaban, ante sí mismos, la comedia titulada: "Ley de Medidas Urgentes en Materia de Ordenación del Territorio y del Turismo en Canarias", conocida entre los espectadores empresariales como "La Moratoria". La función, que resultó un éxito inenarrable para los propios protagonistas, transcurrió en un ambiente absolutamente relajado, aunque, de vez en cuando, y graciosamente, alguno se salió del guión para iniciar una retahíla de protestas que provocase, en el exterior de la Cámara, la sensación de que se parlamentaba, de que se discutía seriamente sobre asuntos que interesaban al común. La verdad desnuda, que el tiempo se ha encargado de confirmar, es que aquel día se trató de algo que ya se había pactado con anterioridad. Al final, todos cogidos de la mano, aprobaron unas "Directrices" que se incumplirían en los siguientes años (quien hace la ley...). Para que bajase el telón de despropósitos, los canarios tuvimos que pagar las dietas de los sesenta representantes de la soberanía popular, de sus asesores, de sus secretarias, de sus chóferes, de sus serviles, de las facturas de los móviles, de las comidas en restaurantes de lujo (son incapaces de saborear un bocadillo), y otras pequeñeces que no se deben contar. Bien. Transcurridos seis años y debido al reconocimiento general de la aptitud interpretativa que pulula por la noble sede regional, volvió a ejecutarse la misma obra, acompañada, en esta ocasión, por dos sainetes titulados "Amorós" y "Eolo", pieza esta última que se convirtió en el estallido provocado por un grupo de actores gomeros (socialistas), que estimularon a algunos a quitarse la careta y, ante la caballerosidad demostrada por la mayoría a lo largo de todas las legislaturas, se escuchó, por primera vez en el escenario y patio de butacas, la tierna dedicatoria de un actor a otro: "Golfo de mierda", con lo cual el director de la función apeló a los más infantiles sentimientos de los presentes, recordando (rogando) que la selección española jugaba dentro de unos minutos y que todo debería finalizar bien. Hasta el presidente del Gobierno canario recordó, en vano, los tiempos del colegio.

La función tuvo que prolongarse hasta la mañana del viernes ante el regocijo de los personajes que, sin esperarlo (¿o sí?), se encontraban con el engorde de sus cuentas corrientes por el concepto de dietas. Aquella mañana se terminó lo que debió hacerse el día anterior, es decir, aprobar lo que muchos deseaban a pesar de que los tres gomeros socialistas teatralizaron un nuevo veto. No importa. La función tenía que acabarse con lo que se había previsto y lo que, sobre todo, se había previsto era la declaración de interés general (la Moratoria) de cuatro proyectos turísticos, dos para cada sur de las dos islas capitalinas. 5.496 camas de superlujo formarán parte del ya esquilmado escenario isleño. Se cerraron todo tipo de irregularidades en la gestión del Tesoro (caso "Amorós"), enviando a los leones a Celso Perdomo, ex director general de Industria, por su vinculación a la trama eólica, y a un destacado socialista, Juan Francisco Henríquez, quien anunció querellarse contra los diputados que votasen a favor del dictamen de la comisión de investigación de la citada trama, encontrándose ahora con que el Parlamento envía a la Fiscalía esta acción. En fin, hemos conocido algunas recovas, pero ésta, la ubicada en el Parlamento, es paradigma para olvidar.

Aunque en política lo imposible puede hacerse posible, parece ser que el pacto de CC y PP, reiniciado en estos días, va a continuar después del 27 de mayo, con lo cual López Aguilar tendrá que marcharse a Venezuela (lo mismo se hizo con Alberto de Armas para dar paso a Jerónimo Saavedra). Los socialistas canarios, utilizando a sus compañeros gomeros, escenificaron el "no" al complejo de su jefe Polanco, argumentando dudas sobre la declaración aprobada, a sabiendas de que, efectivamente, iba a ser aprobada. La mayor pirueta hipócrita se consumó en un ambiente de sarpullidos (es una expresión menos dura) propio de unas cercanas elecciones.

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