DESPUÉS DE LOS SUCESIVOS y sonados fracasos para la solución del problema del tráfico rodado, por lo menos en la isla de Tenerife, ahora el Parlamento, en el tiempo de descuento de la Legislatura, que dijo alguien hace unos días en este periódico, en que la Cámara ha querido resolver, por la vía de urgencia, los líos "Amorós", el de las cinco mil y pico camas y otros sonados, quiere poner a salvo, por la misma vía, el tremendo follón de la circulación, no solamente en Tenerife, donde es irresolvible, sino en el Archipiélago entero. Después de la casi interminable tomadura de pelo que el Gobierno y las corporaciones responsables han hecho al pueblo de Tenerife con los continuos aplazamientos de la terminación de las obras del edificio del Intercambiador, el dispositivo se inauguró por fin, y cuando todo el mundo esperaba que, por lo menos las calles de Santa Cruz vieran notablemente reducida la presión de los miles de automóviles, a los que se les brinda espacios de párking grandes, céntricos, baratos y estratégicamente distribuidos para que puedan circular como en las mayores ciudades europeas, resulta que las calles de la capital tinerfeña están igual o más llenas de vehículos que durante el montón de años que tardó en terminarse y ponerse en marcha el Intercambiador. Porque este dispositivo se construyó para que los coches que entraban en la población y los que se querían aparcar en la ciudad mientras sus ocupantes se movían por la misma para hacer gestiones o trabajos, no utilizan los estacionamientos del Intercambiador porque no les da la realísima gana, no les importa aparcarse en aceras o sitios prohibidos y les importa un rábano facilitar la circulación a los demás y convertir las calles en más intransitables cuando esa es una necesidad apremiante. A los usuarios y los conductores de los automóviles aparcados en el Intercambiador se les ofrece el continuo viaje de guaguas de recorrido ordinario de la población, que pueden tomar a la dirección que deseen. Pero ni por esas. No hacen caso sino cortes de mangas a las autoridades y a los usuarios de otros vehículos mientras incumplen lo ordenado. El resultado es que los párking del Intercambiador están infrautilizados y las calles no pueden con los coches, que siguen atiborrándolas.
Si antes de estos hechos, en la Avenida de Anaga, una de las dos únicas comunicaciones Norte-Sur de la ciudad, sufrimos el continuo, peligroso y antiestético paso de cisternas y camiones pesados, existiendo en el puerto vías especiales para esos vehículos, y el Ayuntamiento no pudo con el problema, se comprenderá que este embrollo de ahora será mucho más complejo de resolver, porque ni siquiera la descarga de camiones de reparto de refrescos y víveres está prohibido en horas punta de mañana o tarde. Pues bien, ahora la Comisión de Turismo y Transportes del Parlamento de Canarias redacta un proyecto por medio de la Subcomisión de Estudio y Seguimiento de la situación por la que culpa a los vehículos privados de ser el principal causante de la situación circulatoria, ya que necesita de 40 a cien veces más espacio dinámico que el transporte público colectivo. Los coches privados ocasionan el 80 por ciento de la contaminación atmosférica y el 97 por ciento de los accidentes mortales en las carreteras. Y ahora se trata de que siga trabajando el Parlamento, el cual espera llevar a cabo el estudio que tardará años, contando con que la ciudadanía tome conciencia de la situación y todos los factores destructivos del medio ambiente. Nuestro parque automovilístico aumenta considerablemente. Y, ¿qué pasa con el industrial? A esperar toca, con sólo esperanzas sobre el tal estudio, que no despierta, por el momento, ningún optimismo.
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