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La adopción por matrimonios homosexuales (I)

12/abr/07 01:52
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EL PASADO MES DE FEBRERO, una comisión del Consejo General del Poder Judicial aprobó una recomendación al Gobierno para que la Ley de Adopción Internacional permita rechazar solicitudes de adopción por motivos de conciencia. De llevarse a cabo tal recomendación, incidiría en las peticiones presentadas por parejas homosexuales, quienes, amparándose en la Ley 13/2005, reclaman su derecho a adoptar niños. Así pues, vuelve a abrirse este tan debatido como controvertido asunto.

Veamos. El objetivo de la adopción es, siempre, el interés del menor. O dicho de otro modo, la adopción es un derecho del niño, no de los adoptantes, y el niño tiene derecho a tener un padre y una madre, por lo que hay que evitar que una adopción inadecuada distorsione y confunda al niño, dificultando gravemente el objetivo final de su adecuado crecimiento y desarrollo, que no es otro que conseguir transformarse en una persona adulta sana física y psíquicamente.

Los niños, hasta ahora, vienen al mundo en un antiquísimo marco cultural conformado por un hombre y una mujer, en lo que se refiere a la familia. Desde su nacimiento se sumerge en un doble y primario aprendizaje: el aprendizaje de lo masculino y el aprendizaje de lo femenino. No hay amor que no esté teñido por el sexo, porque no se ama en abstracto, sino desde la personalidad de hombre o desde la personalidad de mujer. Y de ambas personalidades aprende el hijo o la hija. En la contemplación de ambos comportamientos obtiene el niño los primeros datos para encauzar su futura conducta. La pareja -me estoy refiriendo a la integrada por un hombre y una mujer- no es una unión neutra, sino una unión mixta de lo masculino y lo femenino. Y las parejas homosexuales no responden a esos modelos que hemos heredado culturalmente, por lo que respecta a la generación de la vida y sus iniciales aprendizajes. El hecho homosexual conlleva la aceptación de algunas verdades sumamente evidentes: la primera de ellas que una pareja de gays, u otra de lesbianas, no puede generar por sí misma nueva vida en las condiciones naturales de procreación. Por lo tanto, si se acepta la homosexualidad ha de aceptarse también su propia dimensión, sus características posibilidades y sus limitaciones.

Pero hay más. Y ese más consiste en conocer lo que es el amor por un niño y el amor que el niño necesita, porque no es lo mismo una cosa que otra. El amor por un niño puede darse en cualquier circunstancia y siempre es hermoso. Sin embargo, el amor que el niño precisa requiere una serie de condiciones, capacidades y modelos de comportamiento que exigen en quienes quieran practicar ese amor una situación genuina tanto en el sexo, como en sus actitudes y capacidades derivadas. Es decir, una pareja homosexual puede amar a un niño, pero no puede ejercer ese amor en el rol clásico de la pareja heterosexual hasta ahora determinante para la formación de la familia. El niño necesita un padre y una madre, un padre varón y una madre hembra. De ellos aprende convenientemente, si saben ser padre y madre.

El niño tiene necesidad de una mamá y de un papá. En un hogar cuyos miembros son homosexuales, el niño carece de un modelo de referencia masculino o femenino, privando al niño adoptado de las aportaciones positivas vitalmente necesarias para su adaptación, porque falta la relación y el modelo padre-madre en su crianza. También falta el modelo de una relación marido-esposa, que es significativamente más sana, sustancialmente más estable social y psicológicamente, y cuenta con una aprobación más amplia que el estilo de vida homosexual.

Hay que tener en cuenta también que los niños adoptados que llegan a un nuevo hogar han atravesado una serie de dificultades o situaciones que influyeron muy negativamente en su mente: separaciones, negligencias, traumas como la muerte de los padres, etc. A estas circunstancias hay que añadir las tensiones de adaptarse a un nuevo hogar, y aunque estas sean favorables, sufren importantes índices de desórdenes psicológicos. No olvidemos que estamos hablando de niños que han perdido el modelo positivo de una madre y un padre. Colocarlos en un hogar formado por dos personas del mismo sexo les seguirá dejando privados de este modelo positivo.

Concretando, un niño que se halla desfavorecido por no tener a sus padres que lo amen, críen y eduquen merece todo el respeto como ser humano. Ese respeto obliga al Estado a que no se realicen pruebas o experimentos con su futuro que obstaculicen el desarrollo psicológico de su personalidad. ¿Tan difícil resulta entender esto?

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