UNO, YO, que se formó en la Orientación Profesional, primero, y en la Maestría Industrial, después, durante la dictadura, obviamente por mi edad, guarda un grato recuerdo y también agradecimiento a todos aquellos profesores que me enseñaron y estimularon para que fuese un buen profesional. Y a aquel sistema que tantos buenos profesionales dio al desarrollo industrial de España. Conservo como una joya, en mi abundante biblioteca, el libro "Electricidad Industrial" (tercera edición de 1955, Editorial Dossat, S.A.) que en mayo de 1957 me dedicó su autor, el ingeniero don José Burgos Monfort, con su deseo de que me fuese útil en mi vida profesional. En el prólogo abreviado de la primera edición decía el Sr. Burgos Monfort en 1936: "El presente libro se dedica a los alumnos de escuelas técnicas y a los profesionales de industrias eléctricas; pretende sentar los conceptos fundamentales sobre los que pueda, además, efectuarse con facilidad el estudio posterior de la electrotecnia superior. Es un libro de iniciación a la par que de aplicación, y sólo se utilizan en su detalle las matemáticas elementales, prescindiendo muchas veces de alguna demostración, pero prodigando, en cambio, los ejemplos y ejercicios de carácter práctico, pues lo verdaderamente útil para aquellos a quienes se dirigen estos elementos de Electricidad Industrial, es saber emplear las fórmulas y no el deducirlas o demostrarlas. // En muchos casos se usa el método geométrico para el estudio, especialmente en las corrientes alternas, de manera que se mantenga el carácter indicado de la obra, aun cuando se expongan los más difíciles aspectos de esta ciencia".
Hago esta larga introducción a este artículo de hoy por la preocupación que ponía de manifiesto el ingeniero industrial don Florentín del Castillo Albertos, el día 10 de los corrientes en EL DÍA bajo el título "Orientación Profesional: ¡precaución: señalización deficiente!" y que comparto en todo su contenido.
La formación profesional, que fue muy importante en mi tiempo, incluso con aquellos cursos acelerados (PPO) para dotar a la industria de la mano de obra cualificada que demandaba, devino luego a ser considerada sólo el auspicio de quienes no podían acceder a otra cosa: lo importante era ser universitario. Y de aquellos polvos, que los distintos gobiernos en democracia no supieron o no quisieron limpiar, vinieron los lodos que hemos padecido y seguimos padeciendo aquí: el Icfem, el Servicio Canario de Empleo. También, con otros nombres, en alguna otra comunidad autónoma.
Y hay que hablar de las "Enseñanzas técnicas" en nuestra ULL. A mí me parece que es como la hermana pobre de esta familia universitaria. Creo que al menos aquí, pues no sé cómo funcionan en la provincia hermana, supuso un "pegote" a la tradicional Universidad de formación humanística y científica. Con el conflicto universitario, que consagró ATI duplicando los distritos universitarios, se perdió un curso completo en la Escuela de "Arquitectos técnicos" (antes Aparejadores). Y creo que no discurre por buen camino. Considero a esta especialidad un carácter absolutamente técnico-profesional y, por tanto, que no debiera de dotarse exclusivamente de estudiantes puros (jóvenes que sólo se dedican al estudio) sino también de jóvenes y no tan jóvenes que trabajan durante el día en distintos campos, fundamentalmente en la construcción, y que desearían culminar su formación en esta enseñanza técnica para completar su conocimiento y como medio de promoción. A estos trabajadores les está vetado ya que nuestra Escuela de Arquitectos Técnicos sólo imparte clases diurnas posiblemente masificadas. Entiendo que una formación técnica-profesional ha de impartirse también en clases vespertinas (nocturnas que decíamos antes, cuando yo estudié Maestría Industrial) que den facilidad a los trabajadores ocupados para ampliar su formación.
La vicerrectora de Ordenación Académica, Fabiola Martín Cáceres, decía recientemente que la matrícula de nuevo ingreso en Arquitectura Técnica había descendido. ¿No tendrá ello que ver con esa falta de facilidades a que me refería? No parece lógico que disminuya el interés por acceder a esta disciplina cuando es la construcción uno de los motores de nuestra economía, al decir de los constructores y arropados por los gobiernos locales y autonómico.
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