LAMENTA RICARDO GUERRERO, consejero socialista del Cabildo tinerfeño, lo feas y enormes que son las torres del nuevo tendido eléctrico en el Sur de Tenerife. Esa línea que antes iba a pasar por lugares menos visibles -eso sí, había que cortar algunos pinos, a cambio de plantar luego más de 400-, pero que en su día no pudo ser porque hubo una manifestación muy grande. Nada de esto es nuevo, empero. La gracia de la queja de Guerrero radica en el argumento para la misma. Le preocupa al citado consejero insular, de forma concreta, las torres que se están instalando -pintadas de blanco y rojo; los colores de su partido- entre San Isidro y Las Chafiras, pues ese tramo de autopista es el primero que recorren la mayoría de los turistas que visitan Tenerife. Un escenario, según él -y según cualquiera que tenga ojos para verlo- que no contribuye a crear "una imagen de isla paradisíaca en la costa occidental africana". Absolutamente de acuerdo. ¿Y lo demás? Porque cuando el turista, ya deshecha la maleta en la habitación de su hotel, decide dar una vuelta por los alrededores, tampoco encuentra demasiados elementos para pintar ese cuadro de tierra paradisíaca.
¿Ha recorrido Guerrero no sólo la autopista del Sur entre Granadilla y las Américas, sino la del Norte, mirando hacia la zona alta de La Victoria, La Matanza o Santa Úrsula? ¿Se ha puesto a contemplar el Valle de la Orotava desde el mirador de Humboldt? ¿Se ha dado una vuelta por Las Cañadas -lugar destinado a ser patrimonio mundial- cualquier día de la semana y comprobado la cantidad de vehículos aparcados en las cunetas, sobre todo en los accesos al teleférico? ¿Ha transitado entre el Puerto de la Cruz y La Laguna cualquier día laborable de seis a diez de la mañana? ¿Ha tenido que zigzaguear entre turistas tumbados al sol hasta encontrar medio metro de arena donde extender su toalla? Una lista de preguntas que no acaba aquí, desde luego, aunque no merece la pena seguir.
Feas o bonitas, hay que construir torres de alta tensión porque nadie quiere volver a las velas y el quinqué. En realidad, nadie que se estime moderno cocina con gas barato sino con electricidad cara. Y cada vez más por la simple cuenta de que cada día somos más en esta Isla. Algo que el partido de Guerrero no puede admitir porque eso lleva directamente a controlar el crecimiento de la población. Es decir, a la tesis del contrario; asunto inapropiado en campaña electoral o fuera de ella.
La queja de Ricardo Guerrero no resulta, sin embargo, inútil. Posee la virtud de recordarnos una cruda realidad: hemos implementado un sistema que sólo funciona con la huida hacia delante del crecimiento continuo. Se lo recordaban hace poco los constructores a Paulino Rivero: "Somos el motor de la economía canaria". En definitiva, una paradoja: dependemos del entorno para contar con el turismo, sobre todo con ese tan cacareado turismo de calidad, pero necesitamos seguir consumiendo los cada vez más escasos recursos naturales para no pasar hambre. Nosotros y un montón de gente que ha venido de fuera, y que se irá a otra parte sin mirar atrás cuando esta isla -y en general todo el Archipiélago- esté exprimido como un limón. Pero eso no lo dice un socialista porque el socialismo es, por definición, universal y solidario.
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