Abril, reventón de flores,
brote de la primavera,
en ti nacen los amores
como la fruta primera.
DECIR ABRIL es decir explosión de canto, juventud, alegría. A nadie se le ocurriría decir: tengo veinte otoños o veinte inviernos, sino veinte primaveras, o veinte abriles. Decimos: "Está en el abril de la vida", "está hecho un abril". Su nombre procede, probablemente, del latín aperire (abrir), que simbolizaría el nacimiento de la vida terrestre, que tiene lugar en el hemisferio septentrional; la llegada de la primavera.
El mes de abril, cuarto del año, comenzó, como sabemos, con la alegría del Domingo de Ramos. Cristo entra en nuestra vida y hemos puesto a su paso palmas, olivos y aplausos; así entró abril, con el color del recibimiento de aquel que vino a darnos vida y perdón, alegre como unas castañuelas. ¡Ay, los colores de abril! tiernos, verdoyos y promisorios, compitiendo con los de mayo, -que ya se acerca en trono florido- rebosante de malvas y violetas en toda su gana para el adorno de los altares; abril llegó con su luna llena para alumbrar las procesiones de Semana Santa, que este año han estado majestuosas y solemnes. Ya desde el pregón ofrecido por el ilustre doctor en Farmacia y distinguido amigo don Alfonso Morales y Morales, comenzamos a vivirla, y al mismo tiempo, a recordar cómo era esa Semana Grande en tiempos no muy lejanos; don Alfonso nos trajo el silencio de aquellos días, el respeto y la sobriedad del Jueves y Viernes Santo, cuando callaban las campanas y sólo se escuchaba el singular sonido de la matraca.
La Pasión de Cristo nos vuelve a recordar el sufrimiento de la cruz, pero también nos trae la alegría de la resurrección y de la victoria sobre la muerte.
"En abril, aguas mil" reza un consabido refrán, y hemos tenido suerte. Además, con las que tuvo a bien regalarnos marzo, abril se ha vestido de un verde intenso rabioso que deslumbra.
Abril, poético e intelectual, falta muy poco para celebrar el Día del Libro, recordando como siempre no sólo al genial Cervantes sino a su obra más famosa, donde cabalgan el visionario don Quijote y su fiel escudero Sancho.
El color de la poesía también está presente en este mes abrileño; recordemos lo que nos dice Luis María Ansón: "La poesía pone un espejo ante la sociedad y la muestra tal como es", o bien "Poesía, necesaria como el pan de cada día" (Gabriel Celaya). La tertulia literaria Tagoror comenzó ofreciendo un recital poético-sacro el Martes Santo en la parroquia del Sagrado Corazón, y hoy día 14, estará en La Victoria de Acentejo, celebrando -con un canto a esa villa- las Bodas de Platino de La Sociedad El Centro de Instrucción Fomento y Recreo, donde tendremos el placer de escuchar una magnífica conferencia a cargo del Dr. en Ciencias Químicas don Miguel Melián García; amén de los recitales en los colegios, que comenzarán el día 18 en La Corujera, en el municipio norteño de Santa Úrsula, para luego cubrir Tejina y La Victoria. Por otro lado, la Asociación de Poetas Canarios Uni-verso termina de presentar un libro editado por el Ayuntamiento lagunero, titulado: "Loa poética a San Cristóbal de La Laguna", prologado y presentado por el concejal de Cultura de dicho Ayuntamiento, don Juan Martínez Torvisco. Y no podemos olvidarnos del exitoso III Maratón de Poesía del pasado día 11 organizado por el Cabildo Insular tinerfeño, que reunió a poetas, músicos, pintores y rapsodas y a todos los amantes del verso.
La romería de San Marcos de Icod de los Vinos y la de Tegueste aportan los primeros colores típicos del terruño; mientras que los oscuros siguen siendo los mismos aunque en distintas circunstancias y lugares, pero siempre los mismos, como el de estos tres jóvenes que acaban de perder la vida en accidente de carretera; tres chicos dedicados a exaltar la cultura y que dejaron sus abriles cocidos al asfalto.
Son muchísimos los colores oscuros, como el de este bebé de dos meses maltratado por su mismo padre. ¡Dios mío! ¿Qué está pasando? Parece un cuento de terror, pero sin embargo es completamente cierto. El corazón se nos encoge cuando leemos estos sucesos que no terminan.
Como podemos comprobar, los alegres colores del mes de abril se mezclan tristemente con estos que van al unísono dejándonos el alma ahogada y en congoja.
El tranvía sigue su ruta con miles de opiniones de todo tipo; se acercan las elecciones; la sanidad que no avanza; y el mes lo cierran la Virgen de Montserrat y Santa Catalina de Siena. Mientras, abril se encarga de engalanar el aire con el balsámico olor del azahar, las azucenas, los lirios y con la blanca y esponjosa flor de azúcar. Arriba, en las cañadas del Teide, ya se va fraguando la explosión de los retamares.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD