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Última cena: ¿sin cordero?

16/abr/07 11:04
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 Madrid, EFE/Caius Apicius No parece que la cosa vaya a terminar en una discusión teológica, ni que pueda causar crisis de fe; pero el anuncio hecho por el Papa el pasado Jueves Santo, en su homilía, de que en la Última Cena de Jesús y sus discípulos no se comió cordero resulta, cuando menos, sorprendente.

Repasemos la argumentación de Benedicto XVI en su homilía: nos dice que hay una contradicción de fechas respecto a esa cena y a la propia crucifixión entre los Evangelios sinópticos (Lucas, Marcos y Mateo) y el Evangelio de Juan. Esa contradicción llevó al Pontífice a afirmar que Jesús celebró la cena pascual siguiendo el calendario de la comunidad judía de Qumran. Y de ahí a concluir que toda la cena se atuvo a las normas de esa comunidad no hay más que un paso, de modo que el Papa dijo textualmente que "la celebró sin cordero, como la comunidad de Qumran".

La comunidad de Qumran... Los esenios, justamente; el Papa no los mencionó por ese nombre en su homilía, pero eran los esenios, una de las sectas judías de la época, a la que tal vez podríamos llamar 'ultraortodoxa' pero que, a ojos de fariseos y saduceos, debían de ser unos peligrosos heterodoxos. Se negaban a reconocer como Templo al de Herodes, por ejemplo; y eran vegetarianos, no comían carne. Así que si la Última Cena se rigió por normas esenias, no hubo cordero; hasta aquí, la tesis papal.

Ahora bien; si buscamos contradicciones, haberlas haylas, y no sólo en lo tocante a la fecha. Los Evangelios de Marcos (capítulo 14, versículo 12, en la 'Biblia de Jerusalén') y Mateo (26, 17) utilizan prácticamente las mismas palabras: los discípulos preguntan a Jesús "¿dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para comer el cordero de Pascua?". Lucas, por su parte (22, 7), sitúa la acción en "el día de los Ázimos', día en que, efectivamente, se hacían los preparativos para la Pascua. Juan (19, 14), en cambio, sitúa la crucifixión ese día, el día en el que se sacrificaban los corderos.

En otro momento de su Evangelio (5, 17), Mateo recoge las palabras de Jesús cuando éste afirma: "No he venido a abolir (la Ley), sino a dar cumplimiento". Bien: la Ley, en lo tocante a la celebración pascual, era -y es- estricta. Repasemos el Éxodo (12, 5): el animal sacrificado y cocinado "será sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos y los cabritos". En el versículo 8 se insiste: "aquella misma noche -la del 14 de nissan- comerán la carne; la comerán asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas".

¿Cómo casa todo esto? ¿No hay otra grave contradicción entre lo dicho por Jesús respecto a cumplir la Ley y la ausencia del principal componente de la cena de Pascua? Por otro lado, y dado el régimen hiperaustero de vida de los esenios, de la comunidad de Qumran, parece extraño que en esa cena se bebiese vino... pero los Evangelios sinópticos lo dejan muy claro: hubo vino.

La de comer cordero en Pascua es una costumbre muy arraigada, y no ya entre la comunidad judía, a la que no le queda otra, sino también entre la cristiana. Precisamente el hecho de que el cordero de ese día ha de ser de un año dio lugar a la distinción, que muchos recordarán, entre cordero lechal -el de nuestros asadores y nuestras chuletitas- y cordero 'pascual', animal más aborregado y más propio para calderetas pastoriles que para asados. Yo recuerdo comer, de niño, en casa, ese cordero 'pascual'; de lo que no me acuerdo es de si estaba bueno y me gustaba... o no. Pero, en general, era bastante menos apreciado que el lechal.

En fin, el caso es que ahora el Papa nos deja la Última Cena muy puesta al día en lo que a costumbres dietéticas se refiere: nada de ponerse morados de cordero por la noche. Una ensaladita, un poco de pan sin levadura, y listo. ¿A que les suena a cena-tipo de esas personas que están obsesionadas con la alimentación correcta? "Yo, de noche, me tomo una ensalada y con eso voy listo". Bueno, la verdad es que el cordero pascual, entre nosotros, era plato de mediodía, como el cordero que mucha gente sigue poniendo en su mesa en la otra Pascua, en Navidad; parece mejor así que de noche, desde luego.

Pero nada nos impide pensar que, si fariseos y saduceos llegan a enterarse de que Jesús se había saltado la Ley en lo tocante al menú de la cena de Pascua, hubieran tenido un argumento más que exhibir ante Pilatos para exigir la crucifixión del Nazareno; en aquel tiempo, estas cosas se tomaban muy a pecho. En cualquier caso, la homilía de Benedicto XVI puede hacer que haya algunos cristianos que se replanteen su costumbre de solemnizar su Pascua con el tradicional cordero pascual. Nada grave, ya decimos; pero permítasenos calificar la cosa de chocante.

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