Aunque él no lo crea, me alegro bastante, bastantísimo diría yo, del gol de Raúl Sánchez. Escribo que me alegro, porque, según su reciente declaración, sus críticos le habíamos cogido antipurria. Tal era la raúlfobia, según razonaba el personaje, que los críticos del futbolista -aficionados, socios, simpatizantes, periodistas y demás familiares- deseábamos, y, es más, rezábamos, por el desrabonamiento de sus disparos. Implorábamos por su fracaso, deslizaba Raúl, sin caer en la consideración de que su fiasco también era el nuestro. Llegado este punto del arietremens delirium, ya me siento obligado a salir al paso, y escribir, en fin, que no veo a tinerfeñista alguno formalizando semejante jaculatoria. Por lo demás, sinceramente, y en mi condición de cristiano, tampoco creo que la Virgen de Candelaria o el Santo Hermano Pedro estén sobrados de tiempo para oír, sellar, administrar o canalizar unas plegarias tan esquizoides.
Se desengañe Raúl, que hizo un gol en el Chapín Stadium de Xerez, con x de Xisco, porque -a este respecto- los integrantes del ecosistema tinerfeñista no somos distintos a los constituyentes de los entornos almeriense, ilicitano, madridista o marciano, y, desde luego, deseamos que metan los nuestros. No semos daltónicos, por lo habitual, y los tinerfeñistas -como debe saber Raulito, a quien debo imaginar dos dedos de frente- siempre queremos que los metedores vistan de azul y blanco, por cierto aquellos que lleven el escudo de la asteada bandera; la gloriosa enseña que, con inusual descaro, nos plagiaron unos extraños varones edimburgueses de Escocia, que,jartos de güisqui, vinieron a celebrar el Carnaval, con unas extrañas minifaldas y gaitas varias, totalmente a destiempo claro, en pleno agosto.
Los tinerfeñistas siempre queremos que los metedoressean los nuestros, los que visten de azul y blanco, así los blanquiazules sean personajes como Paul Thomson -batería del legendario Jethro Tull-, el lehendakari Ibarretxe, el teniente de alcalde de San Petesburgo, El Fary, o, mismamente, el chófer de la "Mars Global Surveyor" (MGS), el cual suele dejar la puta cápsula aparcada en doble fila, cuando, de vuelta de Mercurio, se baja en un quiosco sito en las cercanías del Heliodoro para comprar pipas, pachangas y chucherías varias.
Sepa Raulito, pues, que los tinerfeñistas hemos celebrado su gol, que es algo así como el séptimo en su particularísimo calendario balompédico gregoriano, y lo animamos a que -curiosamente desatascado, desde que el presidente Miguel Concepción, Mr.Tanausú, insinuó su habitual inutilidad- siga metiendo.
Felicidades, Raulito, y ánimo, mi niño, puesto que penetrar o producir la penetración de un balón en la portería del rival no supone trasgresión de precepto bíblico alguno
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