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17/abr/07 02:00
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Devoluciones o cambios en los comercios

Existen determinadas promociones u ofertas de grandes superficies, cadenas o determinadas marcas comerciales que, por repetitivas, causan un gran impacto en la sociedad en general y hacen que los consumidores, a la larga, lo confundan con derechos. En este caso, nos vamos a referir a las devoluciones o cambios de los productos. De manera genérica, tenemos que decir que los consumidores no tienen derecho al mismo, y si esta posibilidad se da no es por ningún derecho, sino porque el comercio lo establece en su forma de venta como criterio comercial o estrategia de venta.

Por lo tanto, en lo que se refiere a las devoluciones, éstas son exigibles, como derecho genérico, sólo en tres supuestos:

1º Que el producto esté defectuoso. Por lo tanto, permita o no el comercio su cambio o devolución, está obligada a sustituirlo o devolver las cantidades abonadas por el mismo, a criterio del consumidor.

2º Que la información que se nos ofrece sobre el producto sea veraz, eficaz y suficiente, y si cualquiera de estos preceptos no se cumplen, de igual manera el comercio está obligado a su sustitución o devolución, aunque en este caso si el comercio es capaz de ofrecer el producto que pretendíamos comprar originariamente puede recurrir a su cambio.

3º El tercer supuesto se refiere a los productos comprados fuera de establecimiento comercial. En este caso el consumidor dispone siempre de siete días desde el momento en que recibe el producto en su domicilio para devolverlo, sin tener que dar ningún tipo de explicación ni que suponga coste alguno para el consumidor. Se debe tener en cuenta que cualquier plazo superior debe ser por escrito, pues de otra manera no es válido.

Por su importancia, vale la pena recordar que la solicitud de devolución en este caso se debe efectuar siempre por escrito.

Cabe destacar, por tanto, que, salvo estos tres supuestos, para cualquier otro tipo de cambio o devolución debemos tener en cuenta la oferta que establezca el comercio para dicho cambio o devolución, siendo en ese momento un derecho exigible.

Por lo tanto, los consumidores deben observar en cada momento cuál es el sistema de devolución o cambio que permite el comercio concreto.

José Miguel García Sánchez

(La Laguna)

El Estado, cómplice de los accidentes de tráfico

Ante todo, quiero aclarar que este titular no es mío. Lo utilizo para felicitar y apoyar a su autor, D. Antonio Cánaves Martín, a quien no tengo el placer de conocer pero que, sin embargo me ha causado una enorme satisfacción al leer su carta publicada el pasado día 12 en este mismo medio, ya que comparto su misma opinión en todas y cada una de las frases que argumentan su escrito, y que estoy segurísimo de que muchísimas personas compartirán igualmente su manifiesta opinión, que no tiene desperdicio alguno.

Nunca había leído una carta con una exposición tan clara y fehaciente sobre esta gravísima lacra que nos afecta a todos y que debería hacer reflexionar muy mucho a los responsables nacionales de Tráfico, si es que la leen, claro, porque con esto de las próximas elecciones están demasiado ocupados como para distraer la mente en estas pequeñeces sin importancia como son las listas de muertos en carretera semanalmente.

Yo también he tenido la oportunidad de manifestarme sobre el mismo tema, en dos ocasiones y en este mismo medio, concretamente con fechas 27 de agosto y 6 de septiembre de 2005, aunque no con tanto conocimiento de causa como se ha expresado el Sr. Cánaves. En mis citadas cartas proponía que las altas velocidades en vehículos deberían estar reservadas para ambulancias, bomberos y policía y que el resto de los humanos, si queríamos llegar a tiempo al trabajo, salir media hora antes de casa.

¿No creen ustedes que sería ideal crear una asociación de víctimas de la carretera? Una de las fiebres más grandes de nuestra juventud, aparte de los botellones, drogas, etc., son los vehículos de grandes cilindradas. De nada vale y a los resultados me remito todo el dinero que se está empleando en publicitar campañas sobre los accidentes de carretera, cuando precisamente la mayoría de ellos está protagonizados por jóvenes irresponsables, que se creen los dueños del mundo y que no sienten apego ninguna por la vida. Y no sólo es eso, sino que aquí estamos pagando justos por pecadores y pongo un ejemplo: se nos ha impuesto la "ley seca"; no puedes tomarte una cuarta de vino almorzando en un bar, para evitar las desorbitadas multas, sin embargo los "niños" van cargados como erizos de sabe Dios qué sustancias, haciendo toda clase de fechorías, que hasta eso tienen suerte, que casi nunca los pillan.

En fin, Sr. Cánaves, mis más efusivas felicitaciones por su brillante carta, aunque ya sabemos que esto no pasa de aquí, y que nadie va a cambiar las cosas en contra de los beneficios que proporciona el tráfico rodado y que todos sabemos que vale más la rueda de un coche o de una moto que una vida humana. Entonces, no vale la pena luchar por reducir las altas potencias de los motores, ¡para qué!, si un muerto no da beneficios a nadie sino a la funeraria.

V.F.F.

Zapatero y su muralla policial

Como me cogió de camino, el sábado pasé al lado de donde estaba Zapatero dando un mitin. Lo que más me impresionó fue el tremendo, no ya cordón, sino muralla policial que rodeaba todo el recinto del Auditorio, e iba más allá del gran espacio alrededor, ya que había muchos más policías a varios centenares de metros. Reconozco que es la vez que más policías "de servicio" he visto juntos en un evento de este tipo.

Mientras dentro hablaba el fabuloso creador de la Alianza de Civilizaciones, que con su mente maravillosa está a punto de alcanzar la paz mundial, algo que Buda, Confucio y demás luminarias de la humanidad no lograron, en el cielo azul sobrevolaba un helicóptero... ¿Quién paga todo este innecesario derroche? Me pareció absolutamente increíble y absurdo; sobre todo cuando pueden prestar servicios más útiles a la sociedad, en vez de recibir "órdenes" para estar unas horas tomando el sol o charlando entre ellos.

Está muy claro, sin necesidad de tener una mente maravillosa como Zapatero, que con a lo sumo la tercera parte de policías hubieran bastado. Y todavía sobrarían muchos.

Rogelio Pérez Vilar

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