QUERIDOS Y POLITIZADOS, no todos, lectores y lectoras: Iba a terminar esta otra trilogía, pensada y estructurada para disfrutarla con los resbalones lingüísticos de estas tierras españolas, pero de la que me desvié y les llevé a sufrir conmigo al critiqueo político en esta época de erecciones, perdón, ¿ustedes ven?, de elecciones autonómicas.
Así que, más que darme la sensación, les aseguro que volveré a traicionarles para tener que irnos, otra vez, a una cuarta entrega. ¿Pasa algo? Pues yo creo que no, a tenor de cómo se están desarrollando los acontecimientos político/socio/culturales/laborales/educacionales que llaman más la atención, no porque sean más importantes que la Lengua, ¡qué va!, sino por la rapidez con que se producen o dicen incorrecciones que nos llevan a meteduras de pata internacionales.
Porque, vamos a ver, ¿no es de bobalicones que, no ya los jóvenes e inexpertos asesores de imagen -de los que hablaremos en el siguiente capítulo- de nuestro joven e inexperto presidente, sino que sus mismísimos ministros y ministras adjuntos y apegados, Maritere, Caldera y Moratinos, le dejaran piropear y promocionar, ¡en Canarias, coño!, y mismamente delante de López Aguilar (Las Palmas), Segura (La Laguna) y Alemán (español), al "caladero del banco Marroquí", suprimiendo de un plumazo el "Canario/Sahariano", cuando ese embrollo lo evitan, porque no lo saben bien, la débil ONU y la fresca UE, en relación con Marruecos/Sahara/Polisario y que es, ¡contra!, como mentar la soga en casa del ahorcado?
Pero, claro, ¿la gente conoce bien la historia reciente de las cosas? Y me pregunto más: ¿sus allegados ministros/as anteriormente citados y algunos más no mencionados, actúan con buena voluntad, o, por el contrario, ya están hasta los mismísimos? No lo sé. Gran problema entonces.
Problema grande, ya en lo interior, se produce también en la Justicia española por la dejadez de algunos magistrados, jueces y fiscales en la desidia de trámites a seguir, que se les olvidan y, ¡zas!: el delincuente a la calle. Por favor, señor, señora, no diga "delicuente". Y siguiendo con los malhechores y asesinos, indicarle, si se me permite, al juez (¿hay otro juez que no sea Garzón?) el gran protagonista de las contradicciones socio/judiciales, que el nombre o las siglas es lo de menos para formar un partido o grupo político. Ni las siglas ni el nombre hacen nada, los que cometen atentados y asesinatos son los individuos, e individuas, que se amparan en las siglas. Y, al parecer, vuelven a ser los mismos hombres y ¡las mismas mujeres! (vestidas de negro y con caras de santas), "las y los", que quieren entrar en la democracia por medio del chantaje de las siglas.
Ni que decir tiene la actitud de este gobierno, que parece estar dispuesto a ceder y, además, en boca de la excelentísima, pequeña y soberbia vicepresidenta, ¡tan tajante y prohibitiva con la oposición y tan increíblemente crédula con los que amparan a los asesinos! Por favor, señores jueces -y ahora me refiero a muchos más- y políticos todos y todas, tengan altitud de miras y no se rebajen ni achiquen.
Por eso, volviendo al tema que nos ocupa, la Lengua, y hablando de lo bajo, pequeño e ínfimo, tengo una "familiara" (yo también tengo derecho) que en vez de decir liliputienses, ella habla de "giliputiences". Y creo que con toda la razón del mundo, porque, ¿por qué entre los bajos y pequeños no puede haber también gilip.llas (traduzco; p.ll.bobas). Vaya, ¡ya dije la palabrota!, pero ya finalizando, me pregunto algo más serio, que me tiene mosqueadísimo y que, bueno?, que lo dejo para la próxima semana.
* Pescador de bajura
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