LA CONVOCATORIA al XXXI Consejo Directivo de la Confederación Panamericana de Escuelas de Hostelería, Gastronomía y Turismo (CONPEHT) es una magnífica ocasión para volver, una vez más, a profundizar sobre la necesidad de la profesionalidad en todos los estamentos de la actividad turística.
No vamos a comentar aquí la magnífica disertación del Lcdo. Torruco Marqués, en la presentación del XV Congreso de la CONPEHT, el pasado año, en la ciudad de Lima, donde dejó retratados para la posteridad al elemento político relacionado con el turismo y su total falta de preparación para dirigir el desarrollo y control del turismo en los distintos países de América, algo que nosotros traspasamos, sin dudarlo, a otros continentes.
Una de las preocupaciones principales que debemos tener presente los que nos dedicamos a las enseñanzas del turismo es escuchar la voz de los empresarios que han levantado el mismo en todas las latitudes del planeta. Esto es algo que no podemos obviar los que queremos ser efectivos y desarrollar un trabajo eficaz que de verdad sirva a la sociedad en la que vivimos.
Ligados estrechamente al desarrollo del turismo mundial, desde hace muchos años, sabemos que sin el arriesgado empresariado que ha sabido manejar el tema turístico, éste no hubiese podido nunca prosperar. Aún con casos concretos como el de España, con su red de Paradores Nacionales, los gobiernos de los distintos países del mundo han estado más pendientes de las reglamentaciones y ordenaciones que del desarrollo real socio-económico del turismo, si bien ha sido un pilar más para su sustento, en muchos de los casos, donde, incluso, ha servido y sigue sirviendo, de trampolín para algunos mediocres políticos.
El enfoque del empresario lo tenemos claro desde el año 1965, cuando comenzamos nuestras actividades en este campo laboral. Lo que se quiere son profesionales capacitados en toda la extensión de la palabra. Así, allá por esos años del despegue del turismo en las Islas Canarias, vinculados estrechamente a las organizaciones empresariales que se las veían y deseaban para convertir a un campesino en un camarero, tuvimos la oportunidad de poder confeccionar nuestros envidiados programas de enseñanzas, conjuntamente con directores de hoteles y de agencias de viajes (de forma empírica) y catedráticos y profesores universitarios vinculados de alguna forma con el turismo. Los resultados están ya hoy en algunos líderes del turismo en las islas, y decenas y decenas de mandos directivos y de todos los órganos, en las más diversas empresas turísticas, incluso a niveles mundiales. Es por eso que escribimos así.
Hoy, las más prestigiosas empresas del sector, han conformado sus propias escuelas para capacitar al personal, ante la precaria situación que les ofrecen los estudios mediatizados bajo la apariencia "universitaria", que a la hora de regir un economato, atender una recepción o manejar un sistema de compras presentan unos conocimientos prácticos totalmente inadecuados.
En un mundo cada vez más competitivo, como es el del turismo, la profesionalidad es lo que hoy está privando. Lo que se paga. Sebastián Escarrer, alto directivo de la empresa Sol-Meliá, decía hace bien poco que la calidad sería la base de las nuevas perspectivas del desarrollo del turismo, y que la calidad sólo se conseguía con la preparación profesional. Hoy la diferencia está fundamentada en eso. Difícilmente podemos distinguir las instalaciones de los más lujosos hoteles si no es por sus aspectos diferenciales. En ellos es fundamental el trato humano, eso es lo que dará la calidad, algo que no se consigue sino con la preparación del personal. De nada valdrán los pisos de oro -como la recepción de un nuevo hotel en la China- si después el personal no responde en el idioma que necesitan los huéspedes.
Cultura y más cultura. Es lo que hace falta en el personal que atiende al turista. No sirve otra cosa. La profesionalidad sólo se ha de conseguir en base a serios programas y sólidas propuestas, lejos de falsas titulaciones "universitarias" que no amparan, ni de lejos, los conocimientos que las empresas requieren para manejar los miles de millones que el turismo genera en el mundo.
La CONPEHT, con sus nuevas ilusiones, con una seria política de unidad, sin falsas especulaciones para la galería, y pensando de forma clara y precisa en obtener unos resultados óptimos para el alumnado que estudia las carreras de turismo en toda América, debe ser el pilar fundamental en que se apoye el desarrollo del turismo en todos sus países, sin importarnos para nada predecir que esta es la verdadera solución para erradicar la pobreza socio-económica y cultural que azota a buena parte de sus habitantes, como lo tiene bien claro la propia Organización Mundial del Turismo.
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