EL OTRO DÍA visité la exposición de mi paisano el artista Zenón, el fotógrafo lagunero que bajo el título de "Oficios y Arte" tiene abierta en la sala de multiusos del Orfeón La Paz, y que fue presentada por mi buen amigo Paco Padrón, el periodista lagunero-puntero.
En el cartel anunciador de la misma se puede ver una extraordinaria foto del betunero Lorenzo "Manzanilla", que, por cierto, en su vida bebió de todo menos infusiones.
Rezuma la exposición de fotos en blanco y negro, mucha profesión y oficio, sin duda heredados de Zenón padre, que retratara, al igual que su otro colega, el recordado y excelente fotógrafo Agustín Guerra, muchos rostros de personajes populares, desde "Panduro" y Panchito, pasando por el "General" Fagó, Manuel Verdugo, Lorenza, Barrilete, Juan Penedo y mi abuelo, Juan Oliva, que junto con Penedo eran, los dos juntos, más peligrosos que un barbero con hipo.
Sobre estos personajes sigo escribiendo en este periódico de EL DÍA sus anécdotas, "golpes", frases y ocurrencias, y entre los mismos abundaban los carentes de la mínima educación -me refiero a la escolar, que la otra les sobraba- y como consecuencia de ello eran los mismos analfabetos profundos, pero dotados de una inteligencia natural fuera de lo normal.
Qué duda cabe que todos estos personajes, cuyo parámetro vital comprendería las décadas entre los años 20 al 50 del pasado siglo, tenían como natural aliado el especial clima lagunero de aquellos años, de brumas y lluvias casi permanentes, que junto al rosario de bares, bodegas, tascas, "ventas" y "borracherías", hacía que toda esta gente se refugiase en ellas, a hacer tertulias, que no eran precisamente las de Nava, y "jincarse" unos buenos vasos de vino, también llamados "pelotazos", de los que eran auténticos "majaderos".
Otra circunstancia que en alguna forma influyó en las frases y respuestas que salían de los labios de esta pléyade de personajes famosos fue las consecuencias devenidas después de la guerra civil, en la que, entre otras cosas, aparecieron las célebres cartillas de racionamiento y las necesidades y carencias se mostraban en toda su crudeza y desnudez.
Digo con esto que, a más precariedad y miseria, más se agudizaba el ingenio que, por aquel entonces, lo invadía todo, ya que las frases, ocurrencias y "golpes" del personal constituían verdaderas piezas filosóficas y de alta metafísica, teniendo en cuenta quienes las pronunciaban.
Otro día seguiré sobre este apasionante tema, por lo menos para mí, y ya lo saben:
Hasta la próxima y no me fallen.
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