El buen gobernante es aquel que habiendo llevado a cabo los proyectos logra conciliar estos con las auténticas necesidades del pueblo al que gobierna. Los faraones realizaron las pirámides para mayor gloria suya y de sus descendientes, y hoy las admiramos como una de las maravillas del mundo, pero no olvidemos que mientras estas se hacían el pueblo sufría verdaderas penurias sin que estos monumentos funerarios sirvieran para paliar sus males. No quiero comparar aquella época con esta, pero sí llamar la atención acerca de la cantidad de dinero público que se ha gastado en los últimos años en "megaedificios" públicos, que poco o nada han hecho para mejorar nuestra vida cotidiana, y sí mucho para enaltecer el ego de algún político.
Gestionar bien no es sinónimo de cantidad, no por hacer muchas o grandes obras se están administrando de una manera satisfactoria los recursos de que se dispone. Si además esas obras se realizan con retrasos y ocasionan innumerables molestias a los ciudadanos, estamos ante una ejecución nefasta o desastrosa. En el momento en que se proyectan, supongo que alguien se preguntará: ¿qué es lo realmente prioritario para la mayoría de los habitantes? Por ejemplo: cuando se decide acometer el majestuoso y espectacular edificio del Auditorio, ¿no eran más necesarios los centros hospitalarios del sur y el norte de Tenerife?, ¿por qué no podían esperar unos cuantos años los usuarios del emblemático edificio y sí los miles de vecinos que se ven afectados por la falta de dichos hospitales?, ¿por qué se da prioridad a la construcción del trazado del tranvía en la zona metropolitana y no a las obras que favorezcan la movilidad entre el norte y el sur de la Isla?
Dicen que siempre tiene que haber obras, que las grandes infraestructuras públicas son necesarias para mover la economía. Eso lo puedo comprender, lo que no me acaba de entrar en la cabeza es cómo esas obras no se proyectan de forma más ordenada y priorizando las necesidades reales de los ciudadanos en cada momento. Espero que algún día, cuando se terminen, podamos comprobar la aportación de todas estas infraestructuras a nuestra calidad de vida; si no, habremos convertido nuestra Isla en un nuevo Valle de los Reyes, para mayor gloria de nuestros "faraones".
*Jefe de Sección de EL DÍA
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