Carta a D. Francisco Ayala
Casualmente han llegado a mis manos dos columnas suyas, que no tuve ocasión de leer en su momento, sobre las religiosas de la Asunción.
Me ha decidido a escribirle porque comparto algunas cosas con Vd. Casi su edad, puede que unos pocos años menos, pero cuando se pasa de cierto número, eso no tiene demasiada importancia, y el ser también vecina del barrio Duggi, en el que nací. Yo también veía el colegio desde el otro lado del barranco, pero además estudié allí durante once o doce años. Lo que no comparto es su punto de vistas sobre la fundadora ni sobre las religiosas.
Sor Mª Eugenia fue una mujer adelantada a su tiempo. En una época en que sólo las niñas de la aristocracia estudiaban algo en sus casas, con sus preceptores, ella se preocupó por la formación de las niñas de la clase media, que estaban destinadas a ser figuritas de salón, sin la menor cultura.
El colegio de Santa Cruz fue eso, un colegio para niñas de clase media, al que también iban algunas de familias más pudientes y otras de familias muy normales. Le puedo asegurar que no sé si los uniformes eran de lana inglesa o si la tela venía de los telares de Cataluña. Lo que sí sé es que se compraba en la tienda de D. Eloy Morales, en la calle del Castillo, que Vd. recordará, donde se vendía la de todos los uniformes de los colegios de Santa Cruz. Y otra cosa que puedo decirle es que mi familia pasó por un momento económico difícil, por causa de una enfermedad larga y costosa, y que, habiendo llegado esto a oídos de la maestra de estudios, llamó a mis padres y les ofreció una beca para mí, que disfruté durante tres años, hasta terminar mis estudios. Lo hizo con la mayor discreción y sin permitir ni que mis padres se lo agradecieran. Dijo que yo era muy buena estudiante, que me la había ganado con mi esfuerzo y que el colegio disponía de muchas becas para casos como el mío. No era un colegio tan elitista ni sólo para clases privilegiadas. Yo, personalmente, les estoy profundamente agradecida.
Fueron también mujeres abiertas de mente, que en una época difícil, acogieron y dieron trabajo en el colegio a personas de valía que políticamente no estaban bien vistas en ese momento.
En cuanto a la escuela gratuita, fue una obra social que emprendieron en un momento dado, y que ahora no tendría razón de ser. No hay niño español sin su plaza escolar y a los niños de los emigrantes también se les escolariza. Pero entonces, en 1909, cuando se fundó la escuela, no había grupos escolares y a las familias humildes los estudios le parecían un lujo inconcebible y poco rentable. A los niños los colocaban de aprendices, o ayudaban en las labores del campo, que todavía rozaba la ciudad. Y las niñas, desde muy niñas, cuidaban a sus hermanos pequeños y de su casa o su cueva, porque muchas vivían en las cuevas del Barranco de Santos, mientras sus madres trabajaban en las casas de los alrededores. Las religiosas les dieron la oportunidad, inusual entonces, de aprender a leer, a escribir y despertaron en ellas una curiosidad y una inquietud que sirvió para aquellas niñas, luego mujeres, se promocionaran, tuvieran ilusión por aprender y además impulsaran hacia delante a sus hijas, entre las que hay hoy tituladas universitarias que probablemente deben su afán de superación a aquel primer fermento que de sus madres recibieron.
Como muy bien dice Vd., así era la sociedad entonces. Ellas hicieron lo mejor que pudieron en aquel momento. Cuando la educación fue un derecho reconocido por el Estado, aquella escuela no tuvo ya razón de ser. Todo fue cambiando y también el colegio desapareció luego, porque ya no se daban las circunstancias por las que se fundó. Las religiosas hicieron una opción por las situaciones donde pensaban que podían ser más útiles y surgieron las comunidades de Tegueste, La Alegría, Granadilla... y misiones por toda Hispanoamérica, donde están haciendo una labor insustituible. Sin embargo, a pesar de que hace tantos años que el Colegio cerró sus puertas, muchas no hemos olvidado nunca cuánto aprendimos.
Seguramente recordará Vd. la frase que le dice el zorro al Principito, en el libro de Saint Wxupery: "Lo esencial es invisible a los ojos. No se ve bien sino con el corazón".
En el nuestro, en el de tantas ex alumnas, guardamos un recuerdo imborrable de aquellos años. Recibimos una buena educación intelectual, pero, sobre todo, se nos enseñó a ser mujeres rectas, francas, con sentido del deber y con preocupación y sensibilidad por los que habían sido menos afortunados que nosotras. Y aprendimos también a ser agradecidas, D. Francisco, por lo que siento discrepar profundamente de su punto de vista. El mío y el de muchas personas es totalmente diferente.
M.V.M.
(antigua alumna de La Asunción)
La ZEC y el poder canarión
Ese lagunero de pro cual es Zenón, uno de los máximos adalides del lagunerismo puro, antichicha y acreditado artista de la fotografía, suele hacer análisis políticos de gran enjundia y acertada realidad.
Cuando habla de los poderes políticos en estas ínsulas suele incidir en la siguiente frase: "¡Los votos en Tenerife y el mando en Las Palmas", en lo que el mismo denomina como el poder político canarión, por supuesto, refiriéndose al PSOE canario.
Es indudable que Zenón representa la voz de la experiencia, y por ende de una socarrona sabiduría y que, con relación a las dimensiones protagonizadas por el profesor Romero Pi, como miembro del Comité de Asesoramiento de la campaña socialista, y en relación a los contubernios de los bonistas, que dieron su comienzo nada más ser conocido que el señor López Aguilar sería el representante máximo a las autonómicas por el PSOE canario y, cuyo objetivo es el de segarle la hierba bajo los pies.
La culminación de todo ello se produce en la presentación de un programa electoral plagiado, al parecer, de Ciudadanos de Cataluña, del que hicieron su presentación en ausencia de don Juan Romero, que estaba fuera de las islas, al que presuntamente le cargaron el muerto pese a no tener en el mismo ni arte ni parte. Una vez conocido el desagradable hecho, presenta la dimisión de su cargo en la campaña, para seguidamente ¡y dice mucho de él, a su favor! presentar su dimisión como presidente de la ZEC, cuya pérdida nunca lamentaremos suficientemente, dada su enorme valía.
Así pues, expuesto someramente lo que antecede, tenemos que manifestar que cuánta razón tiene el amigo Zenón, ya que, efectivamente, el poder canarión ha iniciado los movimientos, los codazos y el quítate tú para ponerme yo, con las nefastas intenciones que les caracterizan, no sólo que sea uno de tierra de infieles, además, llevarse la ZEC para Gran Canaria. Al frente de esas intenciones malignas contra Tenerife encontramos al Jerónimo Saavedra, uno de los más cualificados protectores de la logia rosa, que no es ajena a este problema.
La dimisión del señor Romero debe ser tratada por los dirigentes de ese Partido Socialista con más rigor del que lo han abordado, no manifestando, como han hecho, que lo han cesado, sino con la verdad de que dimitió motu propio.
Y como final, enviamos al señor Romero Pi el siguiente mensaje a modo de apoyo: si te lastimaron, no alimentes el dolor ni te alejes de esas personas; si quieres ser un gran humano, simplemente olvida.
Fidel Campo Sánchez
(La Laguna)
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD